Actualidad Deportiva

Sané castiga a un Liverpool demasiado tibio.

  03/01/2019

Era una final para el Manchester City. Para el Liverpool era la oportunidad de sentenciar la Premier League o al menos mantener una distancia de siete puntos. Es decir, no arriesgar también tenía premio. Tal vez por eso el Liverpool fue menos de lo que hemos visto esta temporada. Llevaban 21 partidos sin perder los de Klopp, con un mes de diciembre espectacular, pero han fallado en el momento decisivo. El City salió vivo del encuentro gracias al gol de Sané. Un partido en el que los citizens mostraron una versión muy alejada de lo que escribe el libreto de Pep Guardiola, pero situaciones agónicas requieren decisiones inesperadas. El City se llevó los tres puntos jugando a contragolpe, ante un Liverpool que se quedó a medias. No defendió bien. Tampoco atacó como de costumbre. Costó reconocer al Liverpool en el Etihad, solo en algunos momentos de primera mitad lo hizo, donde Sadio Mané tuvo en sus botas la oportunidad de hacer el 0-1. 

Papeles cambiados

Sí acertó Agüero a final de la primera mitad, dando al City una ventaja que se vio anulada nada más comenzar la segunda mitad. Firmino, estrella del Liverpool en el último tramo de la temporada, hizo el gol del empate. Un tanto con el que Klopp y el Liverpool se sintieron cómodos. En la cabeza del técnico alemán estaba robar atrás y salir rápido al contragolpe ante la ansiedad del City, aunque ese papel, extrañamente, lo desempeñaron los citizens. El gol de Sané llegó así: un balón que Sterling llevó hasta la última fase ofensiva, donde descubrió un boquete en la banda derecha del Liverpool. Ahí apareció el fino jugador alemán para encontrar el 2-1 para el City.

En los últimos minutos el gran partido de la Premier League recuperó el clásico sabor del fútbol inglés. El balón pasó más tiempo por el aire que por el césped y los aficionados del City aclamaban cada tackling de sus jugadores. Guardiola ha conseguido cambiarlo casi todo, pero eso no: la afición siempre vuelve cuando asoma el aroma del viejo fútbol británico. Va en las venas. No en las del Liverpool en su partido en el Etihad. Jugó intentando administrar a su rival en cada momento. No lo consiguió. El Liverpool de Klopp es Heavy Metal. En cualquier otro registro desafina. Mientras, la Premier League se aprieta. El City ha pasado su bache y vuelve a asomarse como candidato real. Queda mucha competición, pero el Liverpool queda golpeado. No tanto por los puntos, sino por las sensaciones.

Redacción: Héctor García