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A los 55 minutos del partido, Messi miró a los ojos de Kubala. Palabras mayores para toda una generación de barcelonistas que han cantado al húngaro como el mejor y más legendario jugador que nunca haya vestido la camiseta del Barça. Messi marcó en Minsk en ese minuto su gol 194 como jugador del Barça (el segundo de su cuenta particular de la noche) igualando a Laszy como segundo máximo goleador de la historia del club.
De hecho, la gesta de Messi honra a un partido que apenas tuvo argumento y que si no es por el registro de Messi, pasaría por ser el mejor anuncio de la reforma del formato de la Champions League. El BATE fue una broma de equipo de principio a fin de partido. Su idea de juego fue parapetarse en su área y esperar que la providencia les iluminara y el Barça no perforara su portería. Les sobraba medio campo. Más allá de la raya del centro, era tierra ignota.
Con diez tipos metidos en su área, el BATE encajó en la primera parte tres goles desde la frontal del área pequeña. No existió partido de fútbol entendido como tal en ese período. A lo sumo, un taquigol en el que el Barça tenía siempre la pelota y asediaba la portería de los bielorrusos, que retornaban la pelota a los rivales religiosamente cada vez que la recuperaban
El principio del fin. El BATE había convertido su área en Masada, pero un suicidio supuso el principio del fin a los 14 minutos cuando Volodko tratando de evitar el remate de Messi, envió la pelota a su propia red. Con el 0-1, todo el plan de los locales se desmoronó. Pero ellos, cuadriculados como pocos, siguieron jugando igual. Tapaditos atrás y a imaginarse que iban 0-0. El problema para ellos fue que los de Pep siguieron trabajando como si el gol no contara.
Y de nuevo, el bombazo, el tercero de la noche, llegó gracias a la inestimable colaboración local. En esta ocasión fue el portero Gutor el que quiso entrar en la historia del Barça y tras blocar un balón sencillísimo, lo botó delante de Messi, quien sólo tuvo que poner la coronilla para ponerse a un gol del registro de Kubala. Gutor al Museu.
Con 0-3 se acabó lo que se daba. Al final del primer tiempo se podía jugar a golf en la mitad del campo que había defendido el Barcelona. Ni la habían pisado los locales. En la segunda, se estiraron un poco más, pero cuando a los diez minutos de la reanudación Messi destrozó la red del BATE marcando el 0-4, volvieron a taparse. Locuras, las justas.
De ahí hasta el final, el Barça guardó la pelota y dejó pasar el tiempo esperando el hat-trick de Messi, que serviría para superar a Kubala. No llegó, pero llegará. El quinto fue de Villa.
Fuente:www.as.com






Publicado en Cursos el 29/09/2011





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