Actualidad Deportiva

Luis Enrique y la evolución.

  09/07/2018

Evolución. Es la palabra que sigue Luis Enrique. Es la palabra que ha impregnado al FC Barcelona desde su llegada. Para seguir ganando hay que evolucionar. Evolución, la palabra que vive en propia persona: de futbolista, en ocasiones visceral y pasional, a entrenador metódico, controlador de todos los aspectos del juego y fuera de él. Cuenta con un nutrido grupo de colaboradores, ‘Los Hombres de Luis Enrique’, como tituló un reportaje de la televisión azulgrana en la pasada temporada. A todos ellos, como a los jugadores, les pide una cosa por encima de todo: esfuerzo. Luis Enrique es un fanático de esta cultura. Lo ha mentalizado subido a una bici, donde devora kilómetros siempre que puede. Después de su etapa de jugador, y mientras se preparaba para entrenador, se dedicó a correr triatlones como el que coleccionas sellos. Preparación que contaba en su blog personal, LuisEnrique21.com. “Como es evidente mis entrenos se centran en la bici mayoritariamente sin olvidar las otras especialidades para poder llegar en condiciones mínimas a todas ellas. Qué bien sienta apuntar entrenos, sobre todo cuando conseguimos el objetivo pre establecido. Estas son las semanas que más cuestan, frío, muchas veces entrenar en solitario pero semanas que son claves a la hora de construir la base de lo que queremos alcanzar”, cuenta en su última entrada en el blog, de enero de 2013. Unas palabras que representa lo que quiere Luis Enrique en sus equipos. Trabajar para crear una base. Ahora cuelga de vez en cuando algunas de sus palizas en bicicleta en su cuenta de Twitter. No hay nada de fútbol, casi todo es ciclismo, deporte del que es un apasionado.

Pocos veían a Luis Enrique como entrenador durante su etapa de jugador. Sí le interesaban los aspectos técnicos y lo que contaban en sus pizarras los entrenadores, pero no le gustaba todo lo que se movía alrededor. Todavía hoy mantiene una tensa relación con la prensa, aunque en los últimos meses ha ido relajando su actitud. Sin embargo, nadie espera que Luis Enrique sea un entrenador fácil para la prensa. Como Pep Guardiola, no da entrevistas personales, y apenas se deja ver en actos.

BARCELONA B

Aterrizó en el FC Barcelona B como entrenador en 2008, con Pep Guardiola ya instalado en el primer equipo. Era la manera de unir la primera plantilla con la segunda, con dos entrenadores que conectaron a la perfección durante su etapa de jugadores. Luis Enrique respetó la filosofía del Barcelona en la formación de jugadores y consiguió grandes resultados en los tres años que estuvo. En la última temporada dejó al equipo tercero con 71 puntos en la Liga Adelante, récord del filial en la competición. Un fútbol vistoso, pragmático y ganador. También sacó grandes canteranos: Sergi Roberto, Marc Bartra, Martín Montoya, Jonathan Soriano y Thiago Alcántara. De todos ellos ahora solo cuenta con Sergi Roberto, su gran obra, al que ha convertido en un brillante lateral derecho y un perfecto multiusos: el año pasado jugó hasta en siete posiciones distintas.

Respecto al juego y sus ideas muchos lo vieron como el sucesor de Guardiola. Pero “Guardiola debe ser entrenador del Barcelona para los próximos quince o veinte años”, sentenció, optando por buscar un nuevo camino. “Después de tres años en el filial, mi ciclo deportivo ha acabado. Agradezco la confianza del club en todo momento. Desde el principio, cuando empezaba mi carrera de entrenador, hasta ahora. Tanto esta etapa como la que tuve como jugador ha sido maravillosa", fue su despedida del equipo.

Su nuevo destino fue un gigante: la Roma. "Mi idea de fútbol es una propuesta basada en el ataque, en el uso de jugadores de gran calidad y en correr muchos riesgos, una idea atractiva para el 'romanista' y para cualquier otro que le guste el fútbol", afirmó el asturiano durante su presentación oficial como técnico en Trigoria, la ciudad deportiva de la Roma, a la que acudieron varios centenares de periodistas. Todos vieron en Luis Enrique el Guardiola particular de la Roma. Una comparación de la que quiso desmarcarse desde el principio: “La comparación entre Pep y yo os gusta mucho a los periodistas, pero yo estoy muy lejos de lo que él significa como entrenador”. También dejó claro que no quería que su Roma fuera una copia del Barcelona. “Yo no vengo a Roma a implantar el modelo de juego del Barcelona, ni una idea de juego, sino que lo que propongo es una idea de cómo se juega al fútbol. Yo vengo a jugar y a plantear un juego asociativo, que se parece en muchas cosas al del Barcelona, pero no es exactamente el mismo”. Sí explicó su estilo y lo que quería: “Lo que no estoy dispuesto a negociar y de hecho para mí es innegociable es a través de lo que quiero llegar a mi juego, que es el hecho de tener el balón, ya que cuando mi equipo tiene el balón el rival sufre”. Una idea que necesitaba tiempo para fraguar en un equipo como la Roma y un fútbol como el italiano. Pero en el fútbol el concepto proyecto dura en muchas ocasiones que lo dura una rueda de prensa. La temporada empezó mal, cayendo de manera imprevista en la Europa League ante el Slovan de Bratislava y perdiendo el primer partido de liga. Aficionados y prensa empezaron a dudar de Luis Enrique, se airearon ciertos problemas con las estrellas, entre ellos Totti, al que sentó en el banquillo. Jugó siempre un 1-4-4-3, con una vertiente más ofensiva o defensiva dependiendo del partido. Fue una temporada irregular, muy por debajo de lo esperado, con 16 victorias, 16 empates y 9 derrotas en 41 partidos. No encontró nunca el equipo que quería, muy desequilibrado en el balance ofensivo (solo 61 goles)-defensivo (41 en contra). Números que dejaron a los capitalinos séptimos en la Serie A, fuera de los puestos europeos. En mayo de 2012 anunció que no seguía en el club. “Es una persona que vive visceralmente su trabajo por lo que los resultados han influido mucho. Como explicará mañana, para él ha sido tal gasto de energía que le ha agotado. Por lo que el próximo año no entrenará”, se expresó Walter Sabatin, Director Deportivo de los romanistas.

Y verdaderamente acabó agotado, tomándose un año sabático. “Di el cien por cien, incluso cuando no tuve fuerzas. Y como no las podré recuperar en el verano, me marcho y el año próximo no entrenaré”, apuntó el técnico español, quien consideró que su paso por la Roma no había sido un fracaso: “Este equipo mejoró mucho, no por los resultados, sino por el compromiso de los chicos. Hicieron propio lo que yo pienso. No todos los aficionados lo que yo hago, pero soy honesto conmigo mismo en primer lugar, luego con el club, los jugadores y los aficionados”.

MÁS ARMAS OFENSIVAS 

Un año sabático que utilizó para seguir aprendiendo y exprimirse al máximo en sus espartanos entrenamientos. El siguiente equipo fue el Celta de Vigo, un proyecto atractivo, un club en el que crecer y sin tantas presiones como la Roma. También más alejado de los focos mediáticos. Lo primero que hizo fue instalar un andamio junto al campo de entrenamiento de A Madroa para seguir los entrenamientos con la mejor perspectiva táctica. Su equipo dirigía las sesiones a pie de césped, y él realizaba sus correcciones desde lo más alto. Una herramienta que no ha utilizado en el FC Barcelona. Un técnico de consenso y sincero con sus jugadores: juega el que mejor entrena. "Nos dejó a todos boquiabiertos por su forma de trabajar. Ha sido uno de los mejores entrenadores que he tenido en toda mi carrera deportiva", señala Charles, ex del Celta de Vigo y ahora en el Málaga. Luis Enrique mejoró a todos. “No sólo tiene capacidad para dirigir al Barça, es que lo hará muy bien”, señaló el delantero español cuando Luis Enrique se fue al equipo azulgrana.

En el Celta jugó un fútbol ofensivo, con capacidad para reconocer sus errores y gestionarlos en busca de la mejora del equipo. Los vigueses fueron de menos a más en la temporada. Cuarenta partidos en total con 15 victorias, 18 derrotas y 7 empates. 1,30 puntos por partido para un entrenador que reclutado para el Barcelona por Andoni Zubizarreta, ex Director Deportivo del club. Apostó por Luis Enrique por su pasado en el Barcelona B, su manera de entender el juego y su capacidad para renovar las ilusiones tras la gris etapa del Tata Martino.

A pesar de todo, Luis Enrique llegó al Barcelona con ciertas sospechas po parte de la prensa, que dudaba de su capacidad para hacerse cargo del equipo. Inteligentemente detectó durante la pretemporada los problemas que había tenido el equipo el año anterior, solicitando a la dirección deportivo el fichaje de un delantero que pudiera cohabitar con Messi. El elegido fue Luis Suárez, quien no pudo jugar hasta el mes de noviembre por la sanción de la FIFA en el Mundial de Brasil tras su mordisco a Chiellini. Luis Enrique fue paciente con el uruguayo, haciéndole jugar partidos amistosos en ese tiempo de espera. Le hizo entrar también en la dinámica del equipo en los entrenamientos, y saber convivir con Messi y Neymar. Ahora Suárez y Messi son inseparables.

Apostó desde el principio por no tocar el clásico 1-4-3-3 del FC Barcelona, pero sí en hacer rotaciones. Todos deben sentirse parte del grupo, es otra de sus ideas. Seis victorias en siete partidos y un empate fue su arranque, aunque con dudas en el juego. Las críticas más fuertes aparecieron tras perder ante PSG en Champions (3-2) y Real Madrid en Liga (3-1), sin embargo, el peor momento fue tras el parón invernal. Luis Enrique dejó en el banquillo a Leo Messi y Neymar, quienes habían tenido más días de descanso, y el equipo cayó ante la Real Sociedad por 1-0. El proyecto se tambaleó, estando muy cerca de salir del banquillo azulgrana. Se cuestionó también el sistema de rotaciones,  algo que, como ya hizo en el Celta, modificó durante la temporada. A partir de esa derrota los tres de arriba (Messi, Neymar y Luis Suárez) ya no saldrían del once inicial ningún partido. Calmado el vestuario, utilizó a Xavi, capitán, para conseguirlo, el equipo fue lanzado hacia el triplete. Liga, Champions League y Copa del Rey en un año que había comenzado con grandes dudas sobre su persona.

En los dos años siguientes el equipo no ha perdido el ritmo ganador. Se mantiene la filosofía, aunque ha rebajado sus ideas de las rotaciones, especialmente en los tres de arriba, quienes salvo lesión nunca salen del equipo. Copa del Rey, Liga, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes fue la cosecha del año pasado. Especialmente brillante fue la primera parte de la temporada, superando por momentos al FC Barcelona de Guardiola. Luis Enrique le ha dado al equipo más armas ofensivas respecto a los años anteriores. Ya no solo existe un estilo, sino que se combina. El equipo puede jugar perfectamente un fútbol control e instantes después tener el mejor contragolpe del mundo. Así acabó ganando en el primer año y así consiguió el año pasado cuatro títulos de seis.

Falló en la Champions League en primavera, donde el equipo se caló fallando ante el Atlético de Madrid en los cuartos y perdiendo once puntos de ventaja en la Liga respecto al Real Madrid. Una vez más, Luis Enrique corrigió sus fallos para acabar ganando una Liga mucho más sufrida de lo esperado. El héroe fue Luis Suárez, con un papel estelar en los últimos cinco partidos. También detectó que ese tiempo gris de primavera faltó fondo de armario en el equipo,  jugadores que pudieran dar un respiro a los titulares. Por eso este verano se ha armado con un futbolista por línea, llegando Umtiti como central, Digne en el lateral izquierdo, André Gomes en el medio del campo y Alcacer en la delantera. Con ellos espera equilibrar la plantilla en ese momento de la temporada que los minutos se amontonen. Lo que no cambia es el juego. Se combinan estilos, nada para, todo evoluciona.

Redacción: Héctor García