Actualidad Deportiva

Volver al origen. Álex Couto

  09/05/2019

Volver al origen

El entrenamiento del fútbol ha pasado por diferentes fases evolutivas a lo largo de la historia reciente de este deporte. De hacernos la sempiterna pregunta de desarrollar una metodología analítica o global, (algunos todavía se lo preguntan), se ha pasado a la acumulación del dato y posteriormente a la interpretación de dichos datos. Nos dicen que del juego del fútbol en directo solo podemos percibir un porcentaje reducido de todo lo que acontece en el terreno de juego, el resto necesita de ser analizado e interpretado posteriormente para definir el rumbo que ha tomado el juego en dicho proceso competitivo. Vemos que en muchos equipos se han dejado de contratar entrenadores para ocupar posiciones con matemáticos y estadísticos capaces de acumular gran cantidad de información y posteriormente tratar de interpretarla a través de análisis complejos. Me pregunto qué interpretarán del juego del fútbol si no son entrenadores de fútbol…

Lo que trato de explicar es que hemos complicado el proceso complejo en el que se asienta el deporte del fútbol en competición. Buscamos caminos espinosos para llegar a soluciones veraces cuando la realidad nos indica que no sabremos lo que pasará hasta que ocurra y a partir de ahí, todo análisis vendrá condicionado por el contexto en el que se ha realizado la acción y la sucesión de consecuencias.

El entrenamiento del fútbol se ha llenado de tecnología para optimizar rendimientos. Tecnología que nos proporciona información completa y diversa sobre infinidad de variables que incidirán directa o indirectamente en el jugador que juega en sus condiciones físicas, psíquicas, técnicas o decisionales y a partir de dicha información se preparan planes de partido, microciclos específicos, trabajos individualizados, tecnificación y acciones estratégicas encaminadas a incrementar nuestra eficacia competitiva.

En pocas palabras, se destinan recursos tremendamente sofisticados a procesos de entrenamiento cada vez más diversificados. Pero vemos que en muchas áreas del fútbol, formativo o de competición, el juego involuciona a pesar de disponer de mejores recursos, mejores infraestructuras, más efectivos para realizar la observación y más tiempo de trabajo. ¿Por qué?

Decía Johan Cruyff que él en su etapa formativa entrenaba un par de días a la semana… el resto del tiempo se lo pasaba jugando.

La técnica individual se ha resentido como consecuencia de la velocidad en el juego, seguramente también por el estudio de los procesos ofensivos de los adversarios en términos individuales, grupales o incluso de conjunto. Cada vez se ven más jugadas y menos juego. Cada vez hay más respuestas específicas a acciones concretas. La creatividad y la espontaneidad han dejado paso a acciones de causa-efecto. ¿Por qué?

En algunos foros se empiezan a replantear las tareas de entrenamiento. En muchas ocasiones la intención de volver al juego de la calle no deja de ser más que eso, una intención. Pero resulta tentador.

El problema del juego del fútbol es que en los entrenamientos se juega poco, se condiciona mucho, se especula con la toma de decisiones de los jugadores y no se aporta estratégicamente más que lo que hacen los demás como consecuencia de un “corta y pega” cada vez más invasivo.

El origen del fútbol se fundamenta en acciones individuales de carácter técnico, enmarcadas en relaciones colectivas que llevan aparejadas decisiones en función de si tienes o no la pelota. Y decisiones en función de si dispones de efectivos más que suficientes, insuficientes o deficientes en los espacios de juego, siendo el espacio de juego, el cercano más la probabilidad de jugar lejano en cuanto surja la posibilidad.

Jugar es desarrollar acciones individuales y colectivas de asociación, es decir, conducir, regatear, pasar, controlar, tirar, siempre que tengamos la pelota y acciones técnicas de interceptación, como entrar, anticipar o propiamente interceptar la trayectoria del balón, cuando no estamos en disposición de este. La base del entrenamiento parte de aquí. Con más o menos efectivos, la fundamentación del entrenamiento es esta y a partir de esta base, decidir, interpretar conscientemente y actuar desde la velocidad que nos proporciona la inconsciencia de la acción. Todo lo demás es complementario. Cuánto corro, cuánto impacto, cómo vuelvo, cómo voy, si me activo a tiempo o a destiempo, todo lo que queráis medir o interpretar en ciencias relacionadas con el fútbol son accesorios que sirven para mejorar al jugador que juega y dar ventaja al equipo que mejor optimiza sus procesos de asimilación del juego con todo aquello que lo mejora individual y colectivamente. Con un objetivo: ganar.

¿Nos atrevemos a volver a los orígenes y a jugar como lo hacíamos en la calle pero esta vez en los campos de entrenamiento? ¿Nos atrevemos a no incidir más de lo estrictamente necesario en el juego? ¿Nos ponemos a estudiar y analizar cómo podemos ayudar al jugador, grupo de jugadores y equipo a través de la adaptabilidad de la ciencia al juego, al jugar, contemplando todas las posibilidades que nos ofrece el juego a nivel individual, grupal y colectivo? Si razonamos alrededor de estos conceptos, seguro, estoy convencido que nos llevaremos extraordinarias sorpresas que nos facilitarán mejorar a quienes juegan.

Quienes juegan son únicos, no extrapolables. Las relaciones que se producen entre quienes juegan son únicas no extrapolables. Las actitudes y aptitudes derivadas del juego por aquellos que juegan no se vuelven a reproducir de igual forma en otros contextos diferentes.

Estos datos no los pueden interpretar aquellos que no entienden que jugar es algo nuevo en cada momento y circunstancia, por lo que la medida no servirá si no va aparejada a una cara concreta en un momento concreto para un contexto específico y un día determinado, contra un rival nuevo de cada vez y con estados de ánimo que todavía no hemos podido entrenar completamente, ni incidir en su entrenamiento como nos gustaría, porque cada ser humano es un mundo en sí mismo.