Leyendas del Fútbol

Zbigniew BONIEK, el cazador de nocturno.

El mejor jugador en la historia del fútbol polaco tenía una particularidad: rendía mejor en los partidos nocturnos. Boniek fue gran estrella de la Juventus y de una selección polaca que llegó a las semifinales del Mundial 82.

  01/08/2017

El fútbol polaco sueña con volver a jugar un Mundial. La selección absoluta marcha primera de su grupo en la fase de clasificación para Rusia 2018 con 16 puntos, seis por encima de Montenegro y Dinamarca. Así que solo una catástrofe en la recta final los dejaría fuera de la gran cita. Un escenario que no pisan desde Alemania 2006, donde cayeron en primera ronda. Al buen momento de la selección se le une el nombre de Robert Lewadowski, jugador franquicia de un país. Futbolista unido al otro gran jugador del país: Zbigniew Boniek, el orgullo de todo un país. El “Bello di notte”. Así lo llamó Henry Kissingher, el político y ganador del Premio Nobel de la Paz, en una recepción a la Juventus en Nueva York. Gianni Agnelli, por entonces propietario del Juventus, explicó tiempo después: “Teníamos al mejor jugador del mundo [Michel Platini]. Pero cuando jugábamos de noche, contábamos con los dos mejores. Zibì era imparable por la noche. ¿Por qué? No lo sé, pero era como si tuviera los genes de un depredador letal, de esos que salen de caza cuando anochece”.

Un jugador que disfrutó del fútbol. "Tengo una esposa maravillosa que conocí cuando tenía 17 años, maravillosos niños y nietos. Soy un hombre feliz. He cumplido mis sueños, tanto dentro como fuera del terreno de juego. Me gusta ser presidente de la Federación Polaca de Fútbol (PZPN). Hemos logrado mucho y tenemos otras 100.000 ideas. Todo es bueno para mí", señaló el polaco en una reciente entrevista a UEFA.com.

"Soy un hombre feliz. He cumplido mis sueños, tanto dentro como fuera del terreno de juego

La esperanza del fútbol polaco

Nacido el 3 de marzo de 1956, Boniek dejó el equipo de su ciudad natal, el Zawisza Bydgoszcz, para irse al Widzew Łódź por 400.000 de los antiguos złoty polacos. Boniek, por supuesto, se había forjado el camino al estrellato durante sus actuaciones a plena luz del día. De hecho, durante siete años a partir de 1975, había espoleado al Widzew Lodz hasta dos títulos de la máxima división de la liga polaca y tres subcampeonatos, con sus exhibiciones en las tardes de los sábados y domingos.

La aparición de Polonia en la Copa Mundial de la FIFA de 1982 coincidió con una época revuelta en el país, ya que el gobierno había declarado la ley marcial para acabar con el movimiento Solidaridad, que pedía derechos para los trabajadores y un cambio social. La selección nacional fue un elemento de esperanza en España '82, y Boniek simbolizó el optimismo tras su celebrado 'hat-trick' en el 3-0 ante Bélgica. Polonia acabó tercera y Boniek fue tercero en el Ballon d’Or 1981/82 por detrás de Paolo Rossi y Alain Giresse. El único polaco en acabar tan arriba en este galardón fue Kazimierz Deyna en 1974.

Ese éxito en la Copa Mundial reconfortó a la Juventus, que antes de la fase final había pagado al Widzew el equivalente a 1,8 millones de dólares por Boniek, un récord que se mantuvo muchos años en Polonia. Boniek llegó a una Juventus que había ganado su título número 21º tde la Serie A, uno menos que el total que habían conquistado sus dos rivales más directos, el Inter de Milán (12) y el AC Milan (10). Sin embargo, la Vecchia Signora añoraba mucho más que el monopolio en la liga nacional. El Inter había alzado dos Copas de Europa y dos Copas Intercontinentales, mientras que el Milan se había convertido en campeón continental en dos ocasiones y otra en campeón mundial. La Juventus solo había levantado un trofeo europeo: la Copa de la UEFA. Una situación que cambió con la llegada del polaco, que se asoció a la perfección con las estrellas de la Juventus. El empate lucía en el marcador en la final de la Recopa de Europa contra el FC Porto cuando Zibì Boniek logró dominar el balón con el pecho y librarse de los defensas rivales que lo rodeaban, justo antes de batir la puerta de Ze Beto para sentenciar la victoria de los suyos por 2-1. Aquel gol hizo posible que el conjunto turinés jugará la final de la Supercopa de Europa ante el Liverpool en enero de 1985. La sola idea de que su equipo participara en dicho encuentro suscitó un enorme optimismo entre la hinchada. Y no, como cualquiera podría pensar, porque se iba a jugar en su propio estadio; ni tampoco porque estuviera programado para un mes que siempre le había sido propicio a su club. Nada de todo eso. Aquella confianza extrema se debía al hecho de que el encuentro se celebraría por la noche.

Gianni Agnelli: “Teníamos al mejor jugador del mundo [Michel Platini]. Pero cuando jugábamos de noche, contábamos con los dos mejores. Zibì era imparable por la noche. ¿Por qué? No lo sé, pero era como si tuviera los genes de un depredador letal, de esos que salen de caza cuando anochece”.

Siempre protagonista

Aquella noche cerrada, Boniek, el polaco supersónico que corría por un extremo o en una posición libre por detrás de los delanteros, engalanó su reputación con los dos goles de aquella derrota por 2-0 que la Juve infligió a los Reds. Cuatro meses y medio después, el Juventus y el Liverpool volvieron a encontrarse. Si bien el lugar y el premio eran diferentes (Bruselas y la Copa de Europa), la hora del saque inicial y el hombre decisivo del encuentro, Boniek, fueron los mismos. En esa ocasión, el atacante de 1,81 de estatura, provocó el penal que Platini transformó en el único gol de un partido ensombrecido por la tragedia de Heysel.

A pesar del terrible impacto de la final de la Copa de Europa de 1985, en la que fallecieron 39 personas en el estadio de Heysel en la victoria de la Juventus ante el Liverpool, Boniek marcó el día siguiente en un partido de clasificación para la Copa Mundial ante Albania para meter a los suyos en la fase final de 1986. "Tomé un avión privado la mañana siguiente, pero no nos dejaban aterrizar en Tirana ya que eran las cinco de la mañana y el aeropuerto no abría hasta las siete. Así que el piloto aterrizó en Bari, Italia. Desayunamos allí y volvimos a Tirana. Jugué, marqué y ya está", dijo Boniek a UEFA.com. Sin embargo, quedó marcado por la tragedia de Heysel, y dio el dinero de la prima por ganar a las víctimas del desastre. "Me podría haber ganado docenas de casas en Polonia con ese dinero, pero no quise quedármelo", dijo.

En los seis años que el polaco pasó en Italia, recibió un aluvión de elogios de parte de algunas de las figuras más destacadas del deporte. “Hay muchos futbolistas de gran fama, pero pocos mejores que Boniek. Es demasiado bueno para verse limitado en una única posición”, aseguró Pelé. Maradona señaló: “Es un jugador totalmente único, el mejor del mundo en su clase”. Enzo Bearzot, por su parte, comentaría posteriormente: “Era soberbio tanto física como técnicamente, uno de los grandes de la historia. Era un goleador fantástico y uno de los mejores creadores que he visto jamás”.

Platini tampoco le discutió. Cuando Boniek se marchó del Juventus en 1985, al francés, que había conquistado tres títulos seguidos de máximo goleador de liga mientras jugaba al lado del polaco, le preguntaron si pensaba añadir el cuarto consecutivo a su colección. “No”, replicó. “El capocannoniere será para alguien que tenga a Boniek como compañero de equipo”. Y efectivamente, así fue. Roberto Pruzzo, del Roma, se convirtió en el beneficiario de la creatividad desbocada de Boniek, quien acabó jugando de libero en el equipo capitalino, readaptando inteligentemente su posición a sus cualidades físicas. Los pases de Boniek, sin embargo, no le sirvieron al conjunto de la capital para hacerse con el scudetto en 1985/86. Sendas derrotas en sus dos últimos partidos lo abocaron al segundo puesto, cuatro puntos por debajo del Juventus. No obstante, Il Bello di Notteayudó a los romanistas a alzar la Copa de Italia. No le extrañó a nadie. Después de todo, los partidos de Copa se jugaban por la noche.

En la Roma acabó jugando de líbero para adaptarse su posición a sus cualidades físicas.

En la selección

A nivel de selecciones, debutó internacionalmente en 1976, 17 días después de su 20º cumpleaños, contra Argentina, justamente el país en el jugaría con su selección dos años después. Polonia terminó tercera en Alemania 1974, y con la concurrencia de Jan Tomaszewski, Wladyslaw Zmuda, Kazimierz Deyna, Grzegorz Lato y Andrzej Szarmach, todo apuntaba a otra próspera campaña de la selección en la Copa Mundial de la FIFA.

Tras saltar al terreno de juego como suplente en los dos primeros encuentros de Polonia en aquella fase final, Boniek salió de titular en el último choque del Grupo 2, contra México, y marcó dos goles en la victoria por 3-1 que aupó a los polacos al primer puesto de la tabla, por encima de la defensora del título, la República Federal de Alemania. Sin embargo en la segunda fase de grupos, los hombres de Jacek Gmoch terminaron terceros, por detrás de Argentina y Brasil, y por lo tanto quedaron eliminados. Boniek regresó a Argentina 12 meses después para contribuir a la victoria por 2-1 del Once Estelar de la FIFA contra la vigente campeona del mundo, cuyo gol anotó Diego Armando Maradona. El polaco compartió habitación con Platini y jugó junto a Antonio Cabrini y Marco Tardelli, del Juventus. Cuando estos dos regresaron a Turín, aconsejaron a sus superiores que siguieran de cerca los pasos de Boniek y pensaran en ficharlo, un consejo que los directivos siguieron a pies juntillas en abril de 1982. Para conseguir la firma del futbolista polaco, debieron ganar por mano al Roma, que también deseaba fervientemente al jugador.

Su rivalidad con Platini

Michele Platini: “El capocannoniere será para alguien que tenga a Boniek como compañero de equipo” 

Antes de que Boniek tuviera tiempo de aclimatarse en el club turinés, representó a su país natal en un choque contra Italia en el primer partido del Mundial de 1982. El encuentro terminó con empate a 0-0, pero Polonia pasó de ronda como campeona del Grupo 1. Los polacos inauguraron su participación en la segunda fase contra Bélgica. El saque inicial se produciría a las nueve de la noche. El depredador se frotó las manos. El dorsal número 11 anotó un triplete en aquella victoria por 3-0: marcó el primer gol de un cañonazo letal, el segundo con un inteligente remate de cabeza y el tercero tras un hipnótico amago acompañado del juego de cintura espectacular con el que superó al guardameta Theo Custers.

Boniek fue amonestado en el empate a 0-0 con la URSS y no pudo disputar por sanción la semifinal contra Italia. El partido perteneció por completo a otro miembro de la Juve. Se llamaba Paolo Rossi. Sus dos goles sin réplica pusieron fin al sueño de levantar el codiciado trofeo que ya acariciaban los polacos. Boniek pudo consolarse con su maravillosa actuación contra Francia en el partido por el tercer puesto, donde propulsó a Polonia hasta el triunfo por 3-2. Giampiero Boniperti, el Presidente de la Juve en aquella época, recordaba: “Eran buenos amigos fuera del terreno de juego, y se conocían de memoria sobre él. Cuando Platini recibía un balón, Boniek ya había salido disparado. Cuando Platini enviaba un pase, sabías que sería medido; y cuando Boniek corría, sabías que no había quien le diera alcance”.

Boniperti añadió sobre Boniek: “Era un futbolista realmente magnífico. Tenía una velocidad endiablada, se movía de forma muy inteligente, poseía una gran técnica, era un gran pasador, podía marcar con la derecha, con la zurda, de cabeza, y era muy valiente. Poseía una habilidad especial para elevar su juego a un nivel superior en las grandes ocasiones, siempre que disputaba importantísimos partidos europeos”. Tras colgar las botas, Boniek se convirtió en entrenador. Una nueva profesión en la que no tuvo mucha suerte, ya que salió precipitadamente de los banquillos del Lecce, Bari, Sambenedettese, Avellino y Polonia. Lo suyo, sin duda, era tener el balón en los pies. Boniek ganó el título de Mejor Futbolista Polaco de 1978. Cuatro años después formó parte del Once Estelar de España 1982, y fue elegido miembro del equipo estelar de la Serie A en cada una de las tres temporadas que pasó en el Juventus.

Redacción: Sergio Fernández