Leyendas del Fútbol

Paul BREITNER, rebelde con causa.

Un jugador único, dentro y fuera del campo. Triunfó en el Bayern de Múnich, en la selección alemana y en el Real Madrid. No fue a Argentina 1970 por una cuestión política.

  03/11/2017

Paul Breitner fue un jugador único. Una figura mundial dentro y fuera del campo. Empezamos por su desarrollo fuera de los terrenos de juego. Declarado comunista maoísta, el alemán rechazó jugar a un Mundial por sus ideas políticas. ¿La razón? La historia, muy particular, es la siguiente. El 7 de abril de 1978 la revista Stern publicaba un artículo firmado por Paul Breitner en el que atacaba a la dictadura de Videla, y a su vez a la Federación Alemana de Fútbol por no rechazarla, por acudir al Mundial que se iba a disputar en poco más de un mes en Argentina. En el artículo, Breitner acusaba además a sus compañeros de ser "eunucos políticos", al no manifestar ninguna repulsa hacia la Junta Militar.

"Me consideraba uno de esos futbolistas que no se paran a pensar a quién van a tener que enfrentarse en el siguiente partido. No me preocupaba qué tenía de especial el próximo rival"

"Alemania es el actual campeón y eso le hace tener unas responsabilidades especiales. La selección no debe dejar que la utilicen como una marioneta, porque los deportistas, aunque tengan en el deporte su principal preocupación, no deben ser eunucos políticos", afirmaba el futbolista en el artículo. Como os podéis imaginar, algunos de sus compañeros se mostraron tremendamente enfadados con esas palabras. El más explícito fue Berti Vogts, entonces futbolista del Borussia Dortmund, quien se quejó de que, sin parecerle ésta una mala idea, estas campañas no se hicieran también con respecto a la violación de los derechos humanos en países socialistas, en clara alusión a la reconocida y marcada ideología de Breitner.A pesar de todo, fue citado para acudir al Mundial, pero rechazó tal posibilidad, argumentando que él no jugaría nunca en Argentina. Era consciente de que el ambiente que iba a vivir en su contra iba a ser muy elevado. Así que, definitivamente, Paul Breitner no estuvo en Argentina, aunque sí regresó años más tarde a la selección; una selección comandada por Karl-Heinz Rummenigge, y que necesitaba de la contundencia de Breitner para volver a ser grande. Así, llegaría a la final del Mundial del 82, el de España, donde caería derrotado por Paolo Rossi y la squadra azzurra.

Tres retiradas

Otro capítulo de su fuerte carácter se dio cuando tan solo tenía 18 años. El Bayern le ofreció un contrato profesional y Breitner no lo dudó ni un instante, abandonó sus estudios en la Escuela Normal de Múnich. No obstante, en los años siguientes a menudo sería presentado ante la opinión pública como un intelectual rebelde. "A Breitner le endilgaron la imagen de ser un bicho raro en política desde que en sus años mozos se hizo una foto bajo un póster de Mao y proclamó sus simpatías por el Che Guevara", escribió en su día el diario alemán Spiegel. Un jugador distinto hasta para retirarse. Lo llegó a hacer en hasta tres ocasiones. La primera fue tras el Mundial de 1974. No lo hizo. También amenazó con colgar las botas tras ser criticado fuertemente cuando jugaba en el Real Madrid. Tampoco lo hizo. Su retirada definitiva fue en 1983, todavía siendo titular del Bayern de Múnich y con una oferta de renovación de 65 millones de pesetas por dos años. Hoeness le intentó convencer con dinero y palabras, pero no lo logró. Breitner quería retirarse todavía como futbolista.

"Después del penalti, comprobamos que el 1-1 tenía un gran efecto en el equipo. Fue entonces cuando me di cuenta, al igual que muchos otros, de que íbamos a ganar aquel partido ante Holanda"

Y ahora toca lo que hizo sobre el césped, que, sin duda, fue mucho. "Me consideraba uno de esos futbolistas que no se paran a pensar a quién van a tener que enfrentarse en el siguiente partido. No me preocupaba qué tenía de especial el próximo rival. Una vez, cuando yo era todavía muy joven, un entrenador me dijo: "Cuanto más te concentras en el oponente, cuanto más se supone que sabes sobre tu rival, más te preocupas por él y menos capacidad mental te queda libre para centrarte en ti mismo. Mejor olvidarse de eso, que lo único que hace es entorpecer. Si estás en forma, el rival es quien tiene que preocuparse de ti, de amoldarse a ti como jugador y a tu equipo como colectivo. Y si no estás en forma, entonces no tienes ninguna opción de todos modos, y no por conocer mejor al rival vas a tener más posibilidades, ya que eso te bloquea más si cabe". En mis tiempos de defensa me medí con rivales que, en un partido dado, podían ser, simple y llanamente, muy superiores a mí. Por ejemplo, en los últimos años de mi carrera, cuando jugué como mediocampista en Madrid a partir de 1974, los técnicos rivales disponían a veces marcajes individuales sobre mí con la intención de destruir mi juego. Si no lograba demostrar que era mejor que ellos, perdía la batalla. 

Inolvidable fue su act en la final de la Copa Mundial de la FIFA 1974 en su propio país. Siendo uno de los líderes del combinado alemán durante el torneo junto al capitán Franz Beckenbauer, el '3' no se cortó un pelo a la hora de lanzar el penal decisivo y con una espeluznante sangre fría anotó el tanto del empate provisional. Ese gol supuso el punto de inflexión del partidazo contra Holanda en el Estadio Olímpico de Múnich y encarriló mentalmente el posterior triunfo por 2-1 del conjunto del seleccionador Helmut Schön. "Ya antes del comienzo de aquel Mundial habíamos hablado sobre quién tiraría los penales en el caso de que nos pitaran alguno, pero nadie quería asumir esa responsabilidad. Gerd Müller había fallado varios en la Bundesliga, y no había nadie que estuviera dispuesto a lanzarlos", contó Breitner en una entrevista. Entonces decidió lanzarlo él. "Después de que el árbitro diera la orden de reanudar el juego tras el penal, comprobamos que el 1-1 tenía un gran efecto en el equipo. Fue entonces cuando me di cuenta, al igual que muchos otros, de que íbamos a ganar aquel partido", agregó.

Lo ganó todo el Bayern de Múnich, en un equipo que dominó los primeros años de la década de los setenta

Un final en la que derrotaron a dos rivales enormes: La Naranja Mecánica y la presión. "La Copa Mundial se disputaba en casa, la final en Múnich y la presión era enorme. Gerd Müller declaró: "La presión no nos afectó porque estábamos protegidos". Este asunto se puede analizar desde dos perspectivas diferentes. Si juegas en el Bayern siempre tienes presión. Para nosotros no existía esa palabra. Mucha gente utiliza la presión como excusa para librarse de situaciones comprometidas. Cuando llegas al Bayern debes entender desde el primer momento que se espera que ganes todos los partidos. Es decir, debes hacer siempre un buen trabajo, como ocurre con cualquier otra profesión en la vida. Para mí, eso no es presión. No existe ninguna presión para conquistar el título, sino que es algo que debes exigirte a ti mismo. No obstante, he de añadir que, en 1974, la supuesta presión fue relativamente imperceptible para nosotros. La histeria era mucho menor que la que se genera actualmente. El fútbol todavía no era el acontecimiento de masas, el ininterrumpido concierto al aire libre, el espectáculo de 24 horas al día que vemos ahora en los estadios. En los últimos años, el número de espectadores ha crecido de forma espectacular, pero no porque el fútbol que se ve en los estadios sea mejor, sino porque lo que mueve a la gente es otra cosa".

Después de ese penalti y la gran victoria ante Holanda, llegó la hora de levantar el título. "Cuando llega ese momento, ya has pasado el sentimiento de mayor felicidad. Cuando el árbitro pita, cuando corres a abrazarte al primero que te encuentras y bailas de alegría con tus compañeros es el momento más intenso. Después te vas calmando y ya vives el homenaje a los campeones con más tranquilidad. Cuando tocas la Copa con tus propias manos ya no estás flotando en la misma nube que al final del encuentro". Breitner, al contrario de lo que se piensa sobre ese campeonato, no cree que Holanda fuera el rival más difícil.

"Derrotamos a un equipo que era claramente superior a nosotros, que era con diferencia el mejor del certamen, y pese a todo no se proclamó campeón del mundo. Me refiero a la Polonia de 1974. Ganamos por 1-0 en una semifinal que se disputó en Fráncfort sobre un terreno de juego en pésimas condiciones, y estoy seguro de que no lo habríamos logrado si no hubiera sido por la lluvia. Polonia contaba con un equipo perfectamente armado y estructurado, similar a la Alemania de 1972. Aquella selección alemana era la mezcla perfecta, formada por la simbiosis y la combinación de artistas, técnicos y luchadores, jóvenes y veteranos. Aquella mezcla perfecta generaba una armonía que se traducía en un fútbol fantástico. La Polonia de 1974 presentaba una mezcla parecida. Sin embargo, tenía tres o cuatro jugadores que no estaban preparados para lidiar con aquellas condiciones adversas. A ese tipo de jugadores yo los llamo "futbolistas de buen tiempo". Este factor resultó decisivo para que pudiéramos derrotar a Polonia, que en aquella Copa Mundial tenía mejor equipo que nosotros, que Holanda, que Brasil y que cualquier otra selección. En 1974, Polonia tenía el mejor equipo".

Estuvo tres temporadas en el Real Madrid, donde nunca llegó a alcanzar que sí mostró en Alemania. A pesar de eso, dejó un gran recuerdo en Madrid

El hombre de los títulos y la etapa en el Real Madrid

Breitner ganó a lo largo de su carrera casi todos los títulos imaginables. Dos años antes de la conquista de la Copa Mundial con la camiseta de su país, pudo subirse al trono de Europa, y pertenece por tanto al que está considerado como el mejor equipo alemán de todos los tiempos. Además, Afro, como le llamaban por la inconfundible melena que lucía en su juventud, levantó con el Bayern de Múnich la Copa de Clubes Campeones Europeos, precursora de la actual Liga de Campeones de la UEFA.

A mediados de los años 70 el Real Madrid necesitaba un revulsivo para contrarrestar el fichaje de Johan Cruyff por el FC. Barcelona y se decantó por el alemán, quien, a pesar de ser lateral izquierdo, jugó en el medio del campo. Paul Breitner era el prototipo de centrocampista que gustaba a Miljan Miljanic, entonces entrenador del Madrid. Fuerte bregador con presencia y potencia física. En ocasiones, su tremenda fuerza le jugaba malas pasadas y perdía balones o cometía errores en momentos inoportunos. Le acompañó en esa zona a su compatriota Gunter Netzer y juntos se hicieron dueños y señores del centro del campo blanco  y conquistaron dos Ligas consecutivas en 1975 y 1976 y desbancando al Barcelona del dominio en el fútbol nacional, practicando un fútbol eminentemente físico, trabajado y muy pocas veces visto en la época. Después de tres años, y de varios problemas en el Madrid, decidió retornar a Alemania para poner fin ahí a una de las carreras más cargadas de tinta de la historia del fútbol.

Redacción: Héctor García