Leyendas del Fútbol

MATTHIAS SINDELAR, el futbolista que desafió a Hitler.

Bautizado como el 'Bailarín de Papel' o el 'Mozart del fútbol', Matthias Sindelar mostró siempre su oposición al Régimen nazi, llegando a enfrentarse a Hitler en un partido entre Austria y Alemania. Sindelar formó parte del 'Wunderteam', la mejor selección de Austria en toda su historia.

  19/09/2014

FICHA:

  • Matthias Sindelar (Konlau, 10 de febrero de 1903- Viena, 23 de enero de 1939)

PALMARÉS:

  • Campeón de la Liga de Austria (1926)
  • Campeón de la Copa de Austria (1925, 1926, 1933, 1935 y 1936)
  • Campeón de la Copa Mitropa (1933 y 1936)

‘El Bailarín de Papel’ o el ‘Mozart del fútbol’. Así fue bautizado Matthias Sindelar, con una historia que se escribe entre la niebla del tiempo y la cercanía al mito. Sindelar fue elegido mejor jugador austriaco de todos los tiempos en 1999, además del deportista más importante en la historia del país. Todo sesenta años después de su muerte. Matthias Sindelar nació en Konlau, Moravia, incorporada entonces al Imperio Austro-Húngaro. A pesar de ser una ciudad judía, la familia Sindelar era católica. La dureza de la época obligó a su padre, fundidor, a mudarse a Viena en 1906 para encontrar trabajo. Lo encontró cerca del barrio de Favoriten, donde se crió Matthias, un enjuto chico que destacaba por su tremenda habilidad con el balón. Era capaz de regatearlo todo, con un punto de genio que le llevó a los quince años a fichar por el Hertha Viena. Los que le vieron jugar le bautizaron como ‘El Hombre de Papel’, en referencia a su afilado físico y sus piernas de alambre. Años más tarde, Sindelar ingresó en el Austria de Viena, el equipo grande del país. Ganó tres Copas, siempre desplegando su fabuloso fútbol. Las crónicas cuentan que Matthias fue un futbolista diferente a todos los de la época. Se atrevía a hacer regates, a tirar caños o hasta sorprender a los defensas con sombreros. Un carácter diferente que también traslado fuera del campo, donde se decantó por una vida disoluta, con gusto por las fiestas, el buen vino y las mujeres.

Meisl y el 'Wunderteam'

No obstante, la historia de Sindelar se eleva a mito cuando hablamos de su paso por la selección austriaca, conocida como ‘Wunderteam’ (el equipo maravilloso) entre 1931-1935. Un conjunto liderado en el banquillo por otro mito en la historia del fútbol: Hugo Meisl. El técnico trazó las líneas de la mejor selección antes de la Segunda Guerra Mundial. Un equipo que jugaba con la clásica 'WM', un 1-2-3-5 con jugadores como Karl Sesta y Franz Wagner en la defensa, Josef Bican y Karl Zischek  en el centro del campo y por Johann Horvath y Rudolf Viertl en la punta de ataque. Todos acompañados por el ‘Bailarín de Papel’, Matthias Sindelar, y siempre bajo una consigna clara de Meisl: “Antes de incluir a un torpe, prefiero jugar con diez”. El 12 de abril de 1931 Austria comenzó una racha histórica con la victoria ante Checoslovaquia por 2-1. Fueron 14 partidos seguidos invicta, con trece victorias y tres empates. Todo envuelto en un juego preciosista, donde Sindelar marcaba la línea a seguir. Hubo goleadas espectaculares, como las dos que le endosó a Alemania (0-5 en Berlín y 5-0 en Viena), el 8-2 ante Hungría o el 5-0 a Escocia.

Una triunfal racha que se acabó el 7 de diciembre en Stamford Bridge, en Londres, en el campo del Chelsea. Inglaterra ganó 4-3 a la ‘Orquesta del Danubio’. La derrota no impidió que Austria llegara al Mundial de Italia 34’ con unas cifras increíbles: jugó 31 partidos, con 28 partidos, dos derrotas y un empate, además de marcar 102 goles a favor. Para certificar sus aspiraciones, meses antes del campeonato, los de Meisl jugaron un partido amistoso contra el anfitrión, con resultado favorable de 2-4.Una victoria que reforzó más aún a la selección austriaca, clara favorita para levantar la Copa del Mundo en territorio de Benito Mussolini. Y Autria cumplió con las expectativas. 

El partido ante la Italia de Pozzo

Superó a Francia 3-2 y a Hungría en los cuartos de final por 2-1, en uno de los partidos más violentos en la historia del fútbol. La mitad de los jugadores austriacos acabaron lesionados o con problemas físicos tras las duras entradas de los magiares. Meisl se encontró con un problema antes de afrontar el choque de semifinales ante Italia, una selección a imagen y semejanza de su seleccionador: Vittorio Pozzo. El técnico italiano ordenó un marcaje al hombre para Sindelar. Luis Monti se encargó de ello, frenando al ‘Mozart del fútbol’. La lluvia también fue un duro enemigo para la selección austriaca. El campo acabó embarrado, lo que hacía imposible el juego rápido y al pie de los austriacos. Pero nada comparado con su mayor enemigo: el colegiado sueco Ivan Eklind, quien arbitró de manera muy sospechosa, siempre a favor de los intereses italianos, y por ende de Mussolini. Y es que a Italia no le valía otra cosa que ganar su Mundial. Al final, el encuentro acabó con 1-0 a favor de la ‘azzurra’, y con los austriacos hundidos. Como la relación entre Pozzo y Meisl, que nunca más volveron a hablarse.

Sindelar se fue de Italia sin campeonato del mundo, un premio que había merecido. Los años siguiente siguió compitiendo con su club y la selección, hasta que todo cambió con la anexión de Austria a Alemania en 1938. El Gobierno Nazi decidió organizar un partido de bienvenida a los jugadores austriacos al equipo del Tercer Reich. Se jugó el 3 de abril de 1938 en el Estadio Prater de Viena. Un encuentro en el que Sindelar se convirtió en imagen de la oposicón al nazismo. Los austriacos sabían que el encuentro era un partido trampa. Tenían la orden de no ganar a Alemania. Y así fue durante la primera mitad. Cuentan que Sindelar falló varias ocasiones de gol delante del guardameta alemán, volviéndose a su campo resignado por la situación. Sin embargo, algo cambió durante el descanso. Sindelar y sus compañeros salieron dispuestos a ganar el partido para sorpresa de todos los presentes, incluidos los máximos mandatarios Nazis, que acudieron al encuentro. Sindelar abrió el marcador para los austriacos. Una humillación que culminó con una extravagante celebración: se dirigió hacia el palco y allí se puso a bailar delante de todos Una acción que repitió en el gol de Karl Sesta, esta vez con un vals.

Vigilado por la GESTAPO y una muerte aún sin aclarar

Los años siguientes fueron irrespirables para Sindelar, vigilado desde cerca por la GESTAPO. A pesar de la situación, el austriaco siguió enfrentándose al Régimen Nazi. Nunca llegó a jugar con la selección alemana, aludiendo siempre problemas físicos en cada convocatoria. Pero Sindelar también desafió al Führer fuera del campo. Cuando el presidente del Austria de Viena fue expulsado de su cargo por ser judío, él siguió teniendo relación con él. También compró el restaurante de un amigo judío al que los Nazis le habían obligado a venderlo. Actos que provocaron que la GESTAPO le catalogara en sus informes como una persona "reacia a acudir a manifestaciones del Partido" y como "amistoso hacia los judíos".

Héroe popular, su vida se acabó un 23 de enero de 1939, en una muerte con diferentes versiones que a día de hoy aún siguen sin estar claras. La oficial fue que Sindelar murió junto a su novia, Camilla Castagnola, italiana de origen judío, tras la inhalación accidental de monóxido de carbono en su apartamento. Otra indica que fueron los propios Nazis los que acabaron con la vida de Sindelar, manipulando la chimenea de su apartamento para que el austriaco muriera poco a poco. También existe una versión mucho más heróica, que señala que Sindelar acabó suicidándose como muestra de su oposición Régimen Nazi. Sin embargo, esta última opción parece descartable, ya que Matthias Sindelar tuvo un funeral de estado, algo que nunca se hubiera hecho con una persona que optó por el suicidio. Lo único cierto es que a su adiós acudieron 15.000 vieneses.

Un recuerdo que sigue muy vivo actualmente en la sociedad astriaca. . El  barrio donde comenzó a dar sus primeras patadas a un balón se llama hoy SindelarStrasser. Su tumba, en el cementerio vienés de Zentralfriedhof, también es lugar de peregrinación para la población de Viena. Y es que el mito del ‘Bailarín de Papel’ nunca se apagará.

Héctor García/@Hektor83GS