Leyendas del Fútbol

KARL-HEINZ RUMMENIGGE, el gentleman del área.

Repasamos la carrera de uno de los mejores 50 mejores jugadores de la historia según la FIFA. Rummenigge fue un delantero único, elegante como pocos. Estrella de una Alemania en transición y uno de los grandes delanteros del Bayern de Múnich. Beckenbauer vaticinó sobre él que nunca llegaría lejos. Falló el Kaiser. Rummenigge compitió en protagonista con Maradona en la década de los ochenta. Marcó 45 goles con la selección alemana y 220 en su paso por el Bayern de Múnich, donde jugó diez años, Inter y Servette.

  16/09/2016

Redacción: Héctor García/ “He jugado contra Zico y Maradona y ahora sé quién es el mejor jugador del mundo: Karl-Heinz Rummenigge”, proclamó Matthaeus a principios de los años ochenta. Los grandes años del gentleman alemán, un extremo enormemente veloz cuyo ídolo era Pelé y que parecía jugar con smoking, elegante como pocos, mortal como solo un puñado de delanteros. Fiel a la tradición de los delanteros alemanes: marcó 45 goles con la selección alemana y un total de 220 en su carrera de clubes. Por supuesto, está en la lista de los mejores 50 jugadores de la historia elaborada por la FIFA.

Se crió en las filas del modesto Lippstad y se hizo futbolista en el Bayern de Múnich, club al que llegó con 19 años. Allí se encontró con el Kaiser, quien dijo sobre él que nunca llegaría lejos. Se equivocó Beckenbauer, al que Rummenigge  profusa un enorme respeto. “Franz Beckenbauer fue la persona más importante en la historia del Bayern Múnich. La historia de éxito no empezó por casualidad con él en los años 70. Y Uli Hoeness fue para mí el espíritu rector del Bayern. Yo estoy feliz de haber podido jugar con ellos, lo que me motivó mucho y me empujó a mejorar. Ante Franz, como jugador, simplemente escuchaba y callaba. Así es como aprendí. Y en mi segunda etapa fue una inspiración colaborar con Franz y Uli en la dirección. Fueron muy importantes para mí”. Un futbolista que aprendió pronto lo que era el Bayern de Múnich y cómo debía comportarse en el vestuario: “Con el entrenador de entonces, Robert Schwan, si se daba un caso de arrogancia, uno podía terminar arrastrando 15 maletas de metal del autobús al vestuario y luego otra vez de vuelta”. También tuvo que soportar las bromas de sus compañeros, que le apodaban Rotbäckchen” (“mejillas rojas”), porque solía ponerse colorado durante las charlas. En total fueron diez años en el gigante alemán. Inter de Milán y Servette fueron sus otros equipos, acabando su carrera en Suiza en 1989.

La figura de Rummenigge llegó a ser inmensa. Líder de la nueva Alemania que se estaba cocinando y un icono del fútbol que traspasó fronteras: el dúo británico de música pop Alan & Denise le dedicase en 1982 una canción titulada "Rummenigge, what a man!" ("¡Rummenigge, qué hombre!").  Llegó a codearse con el Dios del fútbol, Maradona por si alguien tenías dudas, en protagonismo. El Mundial de 1982 será un duelo entre Rummenigge y Diego Maradona, dos superestrellas”, vaticinó entonces el legendario entrenador del Bayern Dettmar Cramer. No fue así, ya que la albiceleste se fue a casa muy pronto. Alemania, mientras, llegó hasta la final, donde perdió con Italia. Así que hubo que esperar a México 86’ para que ese duelo fuera real. Rummenigge y Maradona lideraron a sus equipos en la final de México 1986.

"NUESTRO MEJOR HOMBRE"

La irrupción como pieza clave de la selección alemana empezó para Rummenigge ya a los 21 años, cuando, en el otoño de 1976, el ariete germano debutó con la Mannschaft en un partido que se saldó con triunfo por 2-0 sobre Gales y tras el cual el técnico auxiliar Jupp Derwall lo señaló como “nuestro mejor hombre”. Cramer, su entrenador en el Bayern, acudió a recogerlo al aeropuerto de Múnich con una botella de champán. Nadie dudaba de que ese futbolista de cabellera rubia y con pose de General volvería a llevar al fútbol alemán a lo más alto después de la retirada de mitos como Beckenbauer, Günter Netzer, Wolfgang Overath o Mueller. Fue un jugador clave en la Eurocopa 1980. Marcó el gol de la victoria ante Checoslovaquia en el partido inaugural de la competición y en la final ejecutó el saque de esquina que acabó con el gol de Horst Hrubesch que supuso el 2-1 definitivo frente a Bélgica. Acabó siendo nombrado mejor jugador del campeonato.

“Antes de la Eurocopa habíamos establecido unos registros históricos, con una racha de 23 partidos sin perder que ningún otro combinado alemán había logrado nunca. Llegué a la cita continental con mucha confianza, después de proclamarme máximo goleador y mejor jugador del año en Alemania. El seleccionador Jupp Derwall había dispuesto todo para que el equipo estuviese en perfectas condiciones. Era el primer gran certamen de Lothar Matthaeus, al que le sobraba descaro”, recuerda Rummenigge sobre ese título con la selección.

Sin embargo, no encontró el camino de la gloria en los Mundiales. Su debut en la Copa Mundo se produjo el 6 de junio de 1978 en el estadio Chateau Carreras, de Córdoba, en la goleada de Alemania sobre México (6-0). Ese día Rummenigge marcó dos goles. Jugó cuatro partidos más y anotó otro gol más, aunque el joven delantero de ojos azules se fue con la tristeza del sabor de la derrota: Alemania cayó en segunda fase y no pudo defender la corona conquistada cuatro años antes. A pesar de eso, el técnico Helmut Schoen, prensa y aficionados eran conscientes de que habían encontrado un sucesor digno para Uwe Seeler y el Torpedo Gerd Mueller, como confirmó en la Eurocopa de 1980. De su paso por ese Mundial también quedó su enamoramiento por Buenos Aires. “Mi ciudad favorita. Esa ciudad me inspira. Multicultural, la cocina, la gente, el fútbol. Antes viajaba a menudo con Uli Hoeness una semana por Sudamérica viendo jugadores. En el fútbol de hoy por desgracia eso ya no se puede hacer".

Creció su ascendente en el equipo alemán en el Mundial de España 82, llevando a su selección hasta la final. Pero el partido acabó de la peor manera para Alemania y para él. La Italia de Paolo Rossi se quedó con el trofeo y Rummenigge, que había comenzado el partido con el brazalete de capitán, fue sustituido luego de 70 minutos, justo después de que Italia se puso 2-0 (fue 3-1) y terminó resignado en el banco de suplentes. Su participación en México-1986 fue irregular. Empezó el torneo entre los suplentes, al lado del técnico Franz Beckenbauer, que solo le dio la titularidad en el partido de cuartos ante México. Alemania volvió a llegar a la final, con ánimos de revancha, frente a la Argentina de Diego Armando Maradona. Rummenigge fue protagonista al anotar el descuento 1-2 (José Luis Brown y Jorge Valdano habían marcado por la albiceleste). En un saque de esquina, Rudi Voeller la metió al centro del área chica y allí, sin marca, Rummenigge, ratón de área, solo tuvo que empujarla. Siete minutos después, también por medio de un córner, Voeller que marcó el 2-2 que hizo soñar con repetir ‘el milagro de Berna’, en el Mundial de Suiza 1954.

LOS JUEGOS DEL DESTINO

Pero 180 segundos después apareció la genialidad de Maradona: con un toque sutil y preciso habilitó a Jorge Luis Burruchaga, que en veloz carrera y con remate cruzado por entre las piernas de Toni Schumacher marcó el 2-3 definitivo. Con el brazalete de capitán, Rummenigge se quedó con las ganas de levantar el trofeo que se paseaba por el estadio Azteca en poder de Maradona. No hubo revancha, siendo uno de los días más triste de su carrera deportiva y poniendo fin a su etapa con la selección alemana. “No llegaba al cien por cien, pero sabía que era mi último Mundial y quería jugar. Fueron los momentos más difíciles que he vivido. Solo jugué bien frente a Marruecos y frente a Argentina”, recuerda Rummenigge de ese Mundial.Ya sin su presencia, Alemania sí consiguió levantar el título de campeón del mundo en Italia 1990. Juegos del destino.

Sí encontró los títulos con el Bayern de Múnich. Nada más aterrizar ganó dos Copas de Europa (1975 y 1976) y la Copa Intercontinental (1976). También fue campeón de liga alemana (1980 y 1981) con el Bayern de Múnich, además de dos de dos Balones de Oro consecutivos: 1980 y 1981. Su huella quedó para siempre cuando anunció su salida al Inter de Milán. En su paso por el Bayern de Múnich dejó 62 goles en 310 partidos, siendo el décimo goleador de la Bundesliga y el segundo del Bayern Munich, solo superado por Gerd Mueller. Además, en los 64 partidos que disputó en la Copa de Europa, cantó 30 tantos para el elenco alemán. 11 millones de dólares pagó el Inter por él, en el segundo fichaje más caro de la historia hasta entonces, superado solo por el de Diego Armando Maradona al Nápoles.

En Italia conjugó grandes momentos con las lesiones. Marcó goles espectaculares, abriendo el camino para lo que posteriormente fue conocido como el ‘Inter de los alemanes’. 24 goles en 64 partidos. En total fueron tres años para un futbolista que no pudo competir en importancia con Maradona. Salió al Servette, un destino donde se reencontró con sus mejores sensaciones, aportando lo que mejor sabía hacer: goles. 34 en 50 partidos para finalizar su carrera en 1989.

A partir de ese momento comenzó su otra carrera, igual de exitosa. En la actualidad es uno de los hombres más poderosos del fútbol mundial como jefe del Bayern Múnich y presidente de la asociación de clubes europeos ECA. Aunque él no lo cambia por las sensaciones que tenía cuando pisaba el césped: “No es que desee volver a tener 20 años, pero la época como jugador fue la mejor. Mi segunda carrera me divierte mucho también, pero nada puede superar la experiencia de marcar un gol frente a 70.000 personas. Este año firmamos buenos contratos de patrocinio, pero la alegría no es la misma que cuando se marca un gol en el estadio”. Lo que sí añora es el fútbol de antes y lo que había alrededor. “Antes nosotros no teníamos asesores. A veces me sonrío cuando veo a los chicos. Mitchell Weiser (ahora en el Hertha Berlín) entró en la oficina con su novia. Yo pensé: vaya, qué está pasando aquí. Pero tengo la ventaja de tener cinco hijos y sé que esta generación es algo más atrevida que en mi época”, ha señalado en alguna que otra entrevista. En una de ellas vaticinó lo que iba a ser Thomas Müller, un jugador que guarda cierto parecido en sus formas y su carrera: “El fútbol hoy no es sólo deporte. El fútbol es también un gran negocio. No hablamos ya de millones, sino de miles de millones. Sé que el deseo de los fans es tener a un jugador nacido aquí, formado aquí, que debute a los 18 y que marque goles todas las semanas: su nombre es Thomas Müller”. No se equivocó el dirigente del Bayern de Múnich, uno de los grandes mitos del fútbol mundial.