Leyendas del Fútbol

JOHAN CRUYFF, el genio del fútbol total.

Pocos jugadores han tenido tanta ascendencia en dos gigantes europeos. Johan Cruyff fue pieza clave del FC Barcelona y del Ajax. Ganó tres Copas de Europa y tres Balones de Oro. Nunca lo hizo con su selección, pero sí fue gran protagonista de la 'Naranja Mecánica'. Repasamos la carrera del 'Flaco', cuyo legado sigue muy presente hoy en día.

  11/07/2014

FICHA:

  • Hendrik Johannes Cruyjff (Ámsterdam, Holanda, 25 de abril de 1947)

EQUIPOS:

  • Ajax (Holanda), FC Barcelona (España), Los Angeles Aztecs (EEUU), Washington Diplomats (EEUU), Levante (España) y Feyenoord (Holanda)

PALMARÉS:

Como jugador:

  • Campeón de la Eredivisie con el Ajax (1966, 1967, 1988, 1970, 1972, 1973, 1982, 1983)
  • Campeón de la Copa holandesa con el Ajax (1967, 1970, 1971 y 1983)
  • Campeón de la Copa de Europa con el Ajax (1971, 1972 y 1973)
  • Campeón de la Copa Intercontinental  y de la Supercopa de Europa con el Ajax (1972)
  • Campeón de Liga con el Barcelona (1974)
  • Campeón de Copa del Rey con el Barcelona (1978)
  • Campeón de la Eredivise con el Feyenoord (1984)
  • Campeón de la Copa holandesa con el Feyenoord (1984)

Como entrenador: 

  • Campeón de la Copa holandesa con el Ajax (1986 y 1987)
  • Campeón de Liga con el Barcelona (1991, 1992, 1993 y 1994)
  • Campeón de la Copa del Rey con el Barcelona (1990)
  • Campeón de la Supercopa de España con el Barcelona (1991, 1992 y 1994)
  • Campeón de la Recopa de Europa con el Barcelona (1987)
  • Campeón de la Copa de Europa con el Barcelona (1992)
  • Campeón de la Supercopa de Europa con el Barcelona (1992)

Dicen que los grandes mitos sobreviven para siempre al paso del tiempo. Una cuadro de Picasso, una composición de Beethoven, un nuevo plato de Ferrán Adriá… Johan Cruyff, en su campo, dejó algo que durará para siempre: una nueva idea de representar el fútbol. Cruyff plasmó sobre el campo la escuela holandesa que dibujaron Rinus Michuls y Stefan Kovacs. Fue el pincel del llamado ‘fútbol total’, el hombre que dio forma a esas series de conceptos aparentemente sin sentido. Nada parecía encajar, pero todo acababa funcionado. ¿Cuánto valdría en la actualidad un Johan Cruyff? Creo que no habría dinero para pagarlo.  Pero su legado no quedó solo como jugador. Cruyff es uno de los pocos grandes que también triunfó como entrenador. Conquistó varias Ligas y una Copa de Europa con el FC Barcelona, construyendo el  llamado ‘Dream Team’. No le importó nada a Cruyff: echó hasta doce jugadores del equipo, algunos de la importancia de Shcuster, para contar con jóvenes talentos. Futbolistas que nadie conocía, pero que acabaron ensamblándose a la perfección, como treinta años antes había hecho la ‘Naranja Mecánica’ o el Ajax donde él lo dominaba todo.

Entrenador de entrenadores

El Dream Team no sólo fue un equipo de futbolistas. Las ideas de Cruyff calaron hondo en todos sus jugadores. Pep Guardiola, Sergi Barjuan, el ‘Chapi’ Ferrer, Michael Laudrup… La mayoría son entrenadores en la actualidad, con Guardiola como gran referente. El actual entrenador del Bayern de Múnich siempre tomó a Cruyff como maestro de todo. Sus ideas son la de Johan, eso sí, actualizadas a los tiempos que corren. Pero el ideario del holandés también llegó a los rivales. Paco Jémez, actual entrenador del Rayo Vallecano, me contaba hace poco que “Cruyff fue el origen de todo. Su manera de entender el fútbol era única; no tuve la suerte de tenerlo como entrenador, pero sí pude jugar contra aquel equipo. Hoy en día sigo viendo vídeos de ese Barcelona para seguir aprendido”. Y es que el Cruyff entrenador fue eso, un maestro. Como ocurre con casi todos los genios, Cruyff se cansó de seguir creando. Desapareció de repente, casi sin avisar. Fue en 1998, después de sufrir un ataque el corazón. Un aviso serio (su padre murió de un ataque al corazón) de que su vida corría serio peligro si seguía cada fin de semana en un banquillo. Se prometió a sí mismo no volver nunca a un banquillo y así ha sido. Solo de manera esporádica, siendo el seleccionador de Catalunya en los amistosos de Navidad.

Aunque cuatro años antes de su adiós su gran obra en el Barcelona había comenzado a emborronarse. Fue una tragedia griega en Atenas ante el Milan de Fabio Capello. Los azulgrana llegaban como campeones de Liga tras un nuevo final de infarto. Claramente favoritos ante un Milan de futbolistas llenos de músculos en cada parte del cuerpo. Pero el Barcelona no apareció por la final. La derrota fue contundente, un 4-0 que removió todos los cimientos del club. Muy distinta a la final de la Copa de Europa dos años antes, en la que Johan Cruyff llevó al éxtasis al club azulgrana: a su primera Copa de Europa. El holandés, sin ningún aspaviento, saltó la valla para ordenar a sus jugadores tras el misil de Koeman directo a la red de la Sampdoria. El gol más importante en la historia del club azulgrana.

Su adiós al club azulgrana llegó mediada la temporada 1995/1996. Los resultados no acompañaban (el Barcelona perdió la Liga en los primeros meses), tampoco el juego. Su 1-4-3-3 dejó de tener sentido. Cruyff también mareó la pizarra y a sus jugadores; muchos de ellos no entendieron tantos cambios. El genio, como tantos otros, acabó por volverse loco a sí mismo.

Sin embargo, el holandés nunca ha llegado a irse del Barcelona. Él forma parte del conocido ‘entorno del Barcelona’, un ente etéreo que sobrevuela cada decisión del club. Cruyff tampoco tiene miedo a decir lo que piensa, algo que le ha agenciado más de un enemigo. Pero así es Johan, un tipo peculiar, sabedor de que fue uno de los más grandes del fútbol. Hace unos días apuntó a que su gran ídolo era Alfredo Di Stéfano. Cruyff, en cierto modo, fue la reencarnación del hispano-argentino sobre el césped. Una versión más moderna de Don Alfredo. Eso que ahora se llamaría el ‘falso nueve’.

Los orígenes

Johan Cruyff se crió en un pequeño barrio de Ámsterdam, en Weidestraat. Su casa casi miraba al estadio del Ajax, donde el holandés entró desde muy pequeño. Fue limpiador de botas del equipo y encargado del vestuario. Claramente su destino estaba dentro de esas paredes. La vida golpeó duramente al pequeño Johan muy pronto: su padre falleció cuando apenas tenía doce años. Uno después, Cruyff le dijo a su madre que dejaba los estudios para cumplir su sueño de futbolista. Y cumplió su palabra debutando con el Ajax antes de alcanzar la adolescencia. Dicen que Rinus Michels se quedó sorprendido el primer día de entrenamiento con ese joven muchacho flacucho. Su físico era más el de un maratoniano que el de un futbolista que quería triunfar en esto. Pero su fútbol podía más. El entrenador le preparó un detallado plan de entrenamiento para ganar masa muscular sin perder su genialidad. Y es que Cruyff era puro desborde, frenaba y salía. Amagaba con el cuerpo, en una extraña mezcla entre Garrincha, Di Stéfano y un bailarín. La afición del Ajax se enamoró muy pronto de ese joven genio. A pesar de su edad, Cruyff también contaba con un temperamento especial, no se arrugaba ante nadie. Era fiel a sus principios, como cuando decidió no acudir al Mundial de Argentina con su selección como señal de protesta contra la dictadura de Videla. Pero también era un futbolista de alma libre, con facilidad para meterse en líos. En 1973 perdió el brazalete de capitán tras una votación en el vestuario. También los tuvo fuera, algo que le costó un año de sanción con su selección.

Alrededor de Cruyff y con Michels se forjó el mejor Ajax de la historia. Un equipo que dominó primero Holanda, ganando seis Ligas y seis Copas entre 1966 y 1972, y más tarde Europa. Los holandeses, cenicientas en el viejo continente años atrás, ganaron tres orejonas de golpe: 1971, 1972 y 1973. Nada ni nadie podía con ese equipo.  Unos títulos a los que se añadieron una Copa Intercontinental y una Supercopa de Europa. En el plano individual, Cruyff también llenó sus vitrinas con Balones de Oro, tres en concreto (1971, 1973 y 1974).

Adiós al Ajax

Pero su relación con el Ajax se rompió tras ganar la tercera Copa de Europa. Se enteró de que el club quería traspasarlo al Real Madrid, algo a lo que se negó en rotundo. Su decisión no fue otra que marcharse al mayor enemigo del club blanco, el Barcelona, un club por el que guardaba simpatía desde su juventud. Fue un traspaso por 60 millones de pesetas, record por entonces.

El ‘Flaco’ llegó como la gran esperanza de la afición. El equipo caminaba por entonces penúltimo en la clasificación más pendiente de no bajar a Segunda que de levantar el título de Liga. La sequía en el Camp Nou duraba ya catorce años, pero Cruyff lo cambió todo. El equipo despertó con él, con goles míticos, como el que le hizo al Real Madrid con la espuela en la victoria por 0-5 en el Santiago Bernabéu. Sin embargo, en cuanto a títulos solo hubo uno más: la Copa del Rey de 1978. Lo que sí quedó fue su fútbol, distinto a lo que se había visto hasta entonces en el encorsetado fútbol español. Marcó 54 goles en 184 partidos con la camiseta azulgrana.

Tras su periplo en el Camp Nou, Cruyff también se sintió atraído por la aventura americana. Su idea era jugar en el Cosmos, junto a Beckenbauer, pero las reglas de la competición no le dejaron. Se marchó a Los Angeles Aztecs (1979) y un año después a los Washington Diplomats (1980-1981). Tipo imprevisible, en 1981 fichó por el Levante, equipo de la Segunda División española. Jugó 10 partidos y anotó dos goles, para terminar ese mismo año de nuevo en Washington. A sus 34 años regresó a casa, el Ajax. Ya no tenía la velocidad de antes, pero seguía conservando su ingenio. Inventó el penalti indirecto. En vez de lanzar a puerta le dio un pase a Jesper Olsen y éste se la devolvió para que marcara a placer. Puro arte. Pero la vida le volvió a golpear. La muerte del cuidador del césped del campo, su segundo padre, le sumió en una profunda depresión. No hubo piedad por parte del presidente del Ajax, quien sentenció que Cruyff ya no estaba preparado para jugar en la primera división del fútbol holandés. Su ante el club volvió a ser contundente: fichó por el Feyenoord, el gran enemigo del Ajax. No importó que tuviera 37 años. Ganó Liga y Copa y, sobre todo, se vengó de la decisión del presidente ‘ajacied’.

La ‘Naranja Mecánica’

Si uno mira las estadísticas de Johan Cruyff con su selección le sorprenden dos cosas. Primero, los pocos partidos que jugó, 48 en total. Segundo, la cantidad de goles que hizo a pesar de todo: 40. Debutó con la camiseta naranja en septiembre de 1966 ante Hungría. Tuvo que esperar ocho años más para jugar en la Copa del Mundo. Holanda, la de los melenudos, llegó a Alemania con ciertas dudas sobre su juego. Dudas que desaparecieron cuando el balón empezó a rodar. Ahí apareció la ‘Naranja Mecánica’, con Johan Cruyff y su número 14 (lo vestía por superstición) a la espalda. Holanda conquistó el corazón de todos, pero no pudo ante Alemania en su casa. Fue una de las grandes sorpresas en la historia de las finales del mundo. Aun así, el concepto futbolístico de aquella selección ha perdurado para siempre. La idea quedó por encima de las victorias. Cruyff tampoco pudo ganar la Eurocopa de 1976, donde Holanda fue superada en semifinales por Checoslovaquia, a la postre campeona.

El mito Cruyff

Pelé, Di Stéfano, Beckenbauer, Maradona… Los grandes jugadores siempre dejaron su legado en un club, pero con el holandés es distinto. Para entender la importancia de Cruyff en el fútbol actual basta con echar un vistazo a su ascendente en dos de los grandes clubes europeos: FC Barcelona y del Ajax. Nadie ha dejado tanto en dos clubes distintos, vestido de corto y en los banquillos. Johan Cruyff fue un punto y aparte en la historia de ambos equipos.

Texto: Héctor García