Leyendas del Fútbol

Jean-Marie PFAFF, el portero diabólico.

La selección belga vivió su época dorada en los años ochenta, con un gigante en la portería. Recordamos la carrera de un icono del fútbol mundial, un guardameta único.

  20/06/2017

"Nosotros fuimos los que pusimos a la selección de Bélgica en el mapa". Es la sentencia de Jean-Marie Pfaff sobre los años dorados del fútbol belga, con papeles brillantes en los campeonatos de los años ochenta. Pfaff es el mejor portero en la historia del fútbol belga y uno mejores del mundo. Un guardameta de estilo único. Apasionado, firme, espontáneo y extrovertido, el belga era uno de esos porteros inconfundibles, un espectáculo en sí mismo. Se formó como persona en un entorno humilde: "Hasta que me casé, viví en una caravana. Las personas que viven en caravanas son fantásticas. Yo tuve una vida feliz con mis hermanos y hermanas (con los 11 de ellos). Ahí las personas buscan tener contacto unas con otras, son muy sociables. Comodidad, amor, amistad, trabajar juntos, jugar juntos y cuidarnos unos de otros… era una gran familia", afirma Pfaff sobre sus días en Lebeke, en el estado de Flandes.

"Hasta que me casé, viví en una caravana. Las personas que viven en caravanas son fantásticas. Yo tuve una vida feliz con mis hermanos y hermanas"

Una compleja situación a la que se sumó el golpe más duro de su vida: la muerte de su padre con solo once años. Pfaff le prometió a su progenitor que se iba a convertir en un buen portero. Trabajó duro. Primero tuvo un trabajo en la oficina postal y fue contratado en una fábrica de tejidos cuando a los 18 años tuvo su oportunidad en el Beveren. "Ese era mi pasatiempo inicialmente, yo seguía teniendo mi trabajo normal. Todos los días tenía que conducir mi bicicleta desde Beveren hasta Sint-Niklaas, sin importar el clima". Un viaje de unos 25 kilómetros. Se casó con su esposa Carmen en 1974 y juntos llevaron una tienda deportiva mientras él se establecía como titular bajo los palos del Beveren. Pronto se convirtió en un fijo, llevando al club a conquistar los títulos de liga y copa antes de ser nombrado jugador belga del año en 1978.

Primeros partidos con Bélgica

Actuaciones que le llevaron a la selección belga. Tras hacer su debut como internacional en la derrota ante Holanda en los cuartos de final de la EURO de 1976, Pfaff y sus compañeros de selección llegaron a la edición de 1980 que se disputaba en Italia con pocas expectativas. "Muchos de nosotros seguíamos con nuestros trabajos normales y jugábamos al fútbol. Cuando viajamos a Italia lo vimos como una especie de vacaciones. Pero nuestros esfuerzos no tuvieron ni un ápice de eso", recuerda. En ese campeonato es cuando empezó a construirse la leyenda del portero diabólico y la de un equipo que pasaría a la historia. Empató 1-1 ante Inglaterra en el primer partido y venció por 2-1 a España antes de que Pfaff dejase su portería a cero en el empate sin goles ante Italia que les dio el liderato del grupo y el pase a una final ante la República Federal de Alemania. Bélgica perdió por 2-1 la final de Roma en un partido en el que Horst Hrubesch marcó el gol de la victoria a los 88 minutos, aunque muchos éxitos estaban por llegar en la carrera de Pfaff.

"El Bayern fue lo máximo"

Antes de firmar por el Bayern, Pfaff jugó el Mundial de España 1982. "¡Mi primer gran recuerdo es el Mundial de España 1982, y aquel famoso primer partido contra la Argentina de mi amigo Diego Armando Maradona. Ante la mirada de todo el planeta, cuando nadie nos daba la más mínima posibilidad frente a los vigentes campeones del mundo, ganamos 1-0, gracias a un colectivo extraordinario y a un gol de Erwin Vandenbergh”, señala el meta belga, que dejó el Beveren por el Bayern. En el club alemán no empezó de la mejor manera: se marcó un gol en propia puerta en el partido de su debut. ·Antes de Alemania,  jugaba en un equipo con un estadio para cinco mil personas y de repente me encuentro en el Bayern Múnich jugando para 80 mil personas, tenía 29 años y era la primera vez que realmente jugaba futbol profesional. El Bayern de Múnich te cambia la perspectiva. Cuando llegué había tres porteros alemanes, me equivoco y el suplente le dice al entrenador que me mande a la banca. No sabía alemán, a mis espaldas hablaban mal de mí todo el tiempo y no me daba cuenta", señala sobre ese momento. A pesar de ese error, su tremenda calidad se impuso para acabar siendo uno de los preferidos de la afición por sus espectaculares paradas y su peculiar acento. Con el conjunto bávaro levantó tres Bundesliga y cayó en la final de la Copa de Europa 1987 ante el Oporto con el belga en la portería.

 "El Bayern te cambia la perspectiva. Cuando llegué había tres porteros alemanes, me equivoco y el suplente le dice al entrenador que me mande a la banca. No sabía alemán, a mis espaldas hablaban mal de mí todo el tiempo y no me daba cuenta"

“El puesto de guardameta es algo totalmente aparte en un equipo. ¡No todo el mundo está hecho para ver saltar a un montón de muchachos por delante mientras se encuentra un poco perdido en medio de una portería tan grande!”, comenta el triple campeón de Alemania con el Bayern de Múnich. Baviera es precisamente el lugar que vio explotar a Pfaff, y allí pasó seis años inolvidables. “El cambio del modesto Beveren, donde me formé, al gran Bayern, un peso pesado de Europa, es uno de mis mejores recuerdos. Descubrí otro mundo y adquirí otra dimensión”. En las filas del club alemán, el finalista de la Eurocopa 1980 (su país perdió 2-1 ante la RFA) se proclamó tres veces campeón de la Bundesliga y se adjudicó dos copas germanas. “Fue lo máximo. Esos trofeos y esos momentos de alegría son un recuerdo imborrable”. Y menciona con la misma ilusión otra de sus glorias pasadas, su designación como mejor portero del mundo de 1987, año en que se creó ese premio. “Es una recompensa increíble, y un reconocimiento fantástico”.

Los mejores momentos con Bélgica

La mejor actuación de Pfaff llegó en el Mundial de 1986. “México me convirtió en un héroe en mi país. Jugué contra los mejores equipos del mundo y la organización del Mundial del 86 fue de los mejores. La televisión de Bélgica me dijo: Pfaff, queremos hacer un documental, ¿qué hacemos? Respondí: Vamos a México, luego a Baviera y al final al club donde empezó todo: el Beveren de Bélgica. Se sorprendieron cuando dije México. Ellos no sabían que este país fue lo más importante. Aquí hice el mejor trabajo de toda mi carrera. Quería ser el mejor portero del mundo y lo conseguí, fue la cúspide”, apunta. El belga recuerda el campeonato de la siguiente manera: “En 1986 llegamos a las semifinales del Mundial de México. Es fantástico para un pequeño país como el nuestro. Nos dimos cuenta de la trascendencia de nuestro logro al volver a casa. En el aeropuerto de Zaventem nos esperaba una gran multitud. Nos escoltaron en coches descapotables hasta la Gran Plaza de Bruselas, y allí nos vitoreó una marea humana vestida de negro, amarillo y rojo. Creo que firmé un autógrafo en el pecho de una mujer que estaba una pizca eufórica, ¡como nosotros!”, recuerda el mejor jugador del choque de octavos de final, contra la URSS. “Teníamos un solo objetivo común: llegar lo más lejos posible en la competición para escribir la historia del Mundial”.

México 86': "Teníamos un solo objetivo común: llegar lo más lejos posible en la competición para escribir la historia del Mundial”

Los belgas perdieron en semifinales ante la Argentina de Maradona. "Diego es un gran amigo y un gran futbolista. Toda Argentina está con Maradona y México también lo apoyó en ese Mundial. Perdimos en México 86, en el juego de semifinales entre Bélgica y Argentina, él me esperó y me regaló su camiseta. La realidad es que Diego hizo campeón a Argentina”, destaca Pfaff, quien no pudo hacer nada para frenar al ‘Barrilete Cósmico’. La derrota no empañó el espectacular campeonato de los belgas en México. Una cota a la que no ha conseguido llegar ninguna otra generación del fútbol belga todavía.

Un adiós demasiado pronto

A nivel de clubes, y tras la gloriosa etapa alemana, Pfaff regresó a su país, donde pasó una temporada sin grandes sobresaltos en el Lierse SK, para luego despedirse definitivamente en el Trabzonspor turco. El peso de los años hizo que se decidiese a colgar los guantes y probar suerte en los banquillos. Sin embargo, la experiencia como entrenador en el club donde dio sus primeros pasos, el Beveren, se saldó con un fracaso, y Pfaff optó por retirarse de cualquier implicación cotidiana en el fútbol.

Un portero gigante con 17 años de carrera. Aunque hubo una espina que se le quedó clavada para siempre. “Lo único que lamento es haber colgado los guantes demasiado pronto. El fútbol es duro, ¡pero muy hermoso!”. Quedarán para siempre sus 64 partidos con los Diablos Rojos, siendo incluido en 2004 en la lista de los 125 mejores futbolistas vivos. “Espero que mis actuaciones hayan podido aportarle algo a la gente, y más concretamente a los porteros”, señala el semifinalista de la Copa Mundial de la FIFA México, quien añade que “me gusta estar en contacto con la gente y compartir mi entusiasmo. A estas alturas ya no voy a cambiar”. En su palmarés figura 1 campeonato belga (1979), 3 títulos de la Bundesliga (1985, 1986, 1987), 1 Copa de Bélgica (1978), 2 Copas de Alemania (1984, 1986), semifinalista de la Copa Mundial de la FIFA México 1986, finalista de la Eurocopa 1980, elegido mejor portero del mundo (1987), elegido mejor portero europeo (1983, 1987), Bota de Oro belga (1978). Casi nada.

“Lo único que lamento es haber colgado los guantes demasiado pronto. El fútbol es duro, ¡pero muy hermoso!”

En la actualidad, tras ejercer como embajador de la candidatura conjunta de Holanda y Bélgica para organizar el Mundial 2018, se dedica a dar conferencias destinadas a empresas con el tema ‘Deporte y Negocios’. “Respondo encantado a invitaciones para acontecimientos, inauguraciones y otros actos públicos o privados. ¡Y también hace casi diez años que me siguen a mi familia y a mí las cámaras de un programa muy popular de la televisión flamenca! (De Pfaffs)”, comenta el belga, quien sigue siendo una gran estrella en su país. 

Redacción: Sergio Fernández.