Jess Suarez Lourido

Editorial de la Edición  23

- Jesús Suarez Lourido / Licenciado en Periodismo y Ciencias de la Información. Master en Comunicación Empresarial. Corresponsal en España de la revista World Soccer Digest (Japón).

ATHLETIC,...Siempre contigo.

Andoni Zubizarreta, tras la victoria del Athletic ante el Sevilla y que lleva a los de San Mamés a jugar la final de Copa del Rey, en Valencia el próximo 13 de mayo, escribió un artículo en el diario El País que empezaba así:

“Cuenta la leyenda que en mayo de 1984, Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino, jesuitas y eminentes prohombres de la Teología de la Liberación, se refugiaban de una enorme balacera consecuencia de la intervención del ejército de El Salvador (Ellacuría no pudo librarse de la acción de los paramilitares en 1989 y fue asesinado junto a otros cinco de sus compañeros jesuitas, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Ignacio Martín-Baró, Amando López y Joaquín López, y una mujer, Julia Elba Ramos, y su hija, Celina, menor de edad). En un momento en el que la intensidad del tiroteo se hacía insoportable, Ellacuría preguntó a su compañero mejor situado cómo estaba la cosa, a lo que le respondió Sobrino: "Hay esperanza. Acaba de marcar Noriega". Jon Sobrino tenía una pequeña radio con la que estaba siguiendo el partido que el Athletic disputaba en Mestalla y en el que se jugaba sus posibilidades de ser campeón de Liga. El gol de Noriega rompía el 1-1 y dejaba al Athletic a sólo diez minutos y un partido en casa de revalidar el título de campeón de Liga”.

Ahora permitanme que añada mi propia experiencia en San Mamés. Solo fue de espectador. Inolvidable. Primer partido de Liga, casualmente, Athletic-Sevilla. Debutaba en el banquillo de los “leones”, Hovard Kendall. Con jugadores de la cantera como Lakabeg, Garitano y el excelso Argote. Veteranos como Ptaxi Salinas y Uralde mandaban mucho. Ganó el Athletic 3-0 a aquel Sevilla gobernado por Victor Esparrago en el banquillo y por el uruguayo Bengoechea –un precursor de Xavi- en el terreno de juego. Aún me alcanza la emoción.

Perduraba en mi ánimo aquella emoción que se renovó, al instante, con el segundo gol de Llorente y al final cuando eliminado el Sevilla de la Copa del Rey, y vi el césped de San Mamés inundado de seguidores del Athletic. Me sentí uno de ellos. Era uno más con ellos.

Tras esta victoria, escuche a un periodista en la radio que decía que sus sobrinos, los nietos de alguno de sus amigos le decían: “pero el Athletic a quien tiene. El Barça tiene a Messi, el Madrid a Raúl y a Casillas, el Atlético al Kun, el Valencia a Villa y nosotros no tenemos a nadie y nunca ganamos nada”.

Ahora esos críos que no han visto ganar nunca nada al Athletic y siempre luchando por no descender, ya pueden decir que son los protagonistas de la “película”.
Yo mismo soy parte de esa historia del Athletic.

Durante mi infancia, mucha gente mayor era del Athletic. No lo entendía. Por entonces yo seguía al Madrid, de los García Remón, Miguel Angel, Pirri, Benito, Amancio, Santillana, Velázquez con Miguel Muñoz y luego los mismos acompañados Netzer y Breitner con Miljan Miljanic. Y me fijaba en el Barça de Sadurní, Torres, Gallego, Eladio, Marcial, Rexach, y más aún cuando aterrizaron Michels y Cruyff. También en el Atlético de San Román, Melo, Cajella, Garate, Luis, “Ratón” Ayala, Heredia, “Panadero” Díaz, y Reina, el padre del portero del Liverpool. Más adelante llegaron Luiz Pereira y Leivinha para enfrentarse a Stielike en el Madrid.

Pero aquella gente mayor no hacía ostentación de ser del Athletic. Al menos en Galicia. Lo eran en silencio. Pero si les preguntabas o el fútbol era el tema, surgía un orgullo especial. Especial porque era sereno y sincero. Muy auténtico. Siempre me llamó la atención aquel aplomo con el que explicaban porque eran del Athletic y que les venía incluso, a los más mayores, de la década de los 50. Zarra, Gaínza, Panizo.
Por ellos, los mayores, conocí la historia de “Pichichi”. Rafael Moreno Aranzadi, “Pichichi”, fue un gran goleador de los años 10 y 20 de principios del siglo pasado. Tanto que quisieron ficharlo varios clubes ingleses. Ganó cinco copas con el Athletic, hasta que se retiró en 1922 a los 30 años de edad para dedicarse al arbitraje. Murió en las navidades de ese año víctima del tifus. Hoy nos queda el trofeo “Pichichi” en su honor.
En la Galicia de mi infancia no sabía porque admiraba a los aficionados del Athletic pero lo hacia. Si tuviera que definirlo con una sola palabra era y es la misma ayer que hoy: autenticidad. Eran auténticos.

Por las palabras y las historias de los viejos aficionados del Athletic aprendí a mirar al Norte. A Bilbao y a San Sebastián –quien no recuerda el viejo Atocha. Aún tenemos las manchas de barro en las piernas del inolvidable Atocha.

En Bilbao estaba el “chopo”. José Ángel Iribar. Siento por él auténtica veneración. Siempre diré que ha sido el mejor portero que he visto en mi vida. Allí estaba Uriarte, Fidel. Y luego Rojo. Incluso Clemente que tuvo que dejarlo por una grave lesión que le infligió Marañón en la Creu Alta, jugando contra el Sabadell. Y llegaron los Dani, Sarabia, Zubizarreta, Goico, etc. Para ganar la liga en los 80. Eso fue lo máximo.

Explicaba el mismo Zubizarreta, en el artículo antes citado un término de origen japonés. Glocalización –escribía “Zubi”- es un término que nace de la mezcla entre globalización y localización y que se desarrolló inicialmente en la década de 1980 dentro de las prácticas comerciales de Japón. El concepto procede del término japonés dochakuka (derivado de dochaku, "el que vive en su propia tierra"). Como término económico, se refiere a la persona, grupo, división, unidad, organización o comunidad que está dispuesta y es capaz de "pensar globalmente y actuar localmente". El concepto implica que la empresa se adapte a las peculiaridades de cada entorno, diferenciando sus producciones en función de las demandas locales.

El Athletic, al igual que el Liverpool, es cierto que nunca caminará solo. Hace un par de años en San Mamés se reunían con el mismo lema, la misma canción y la misma devoción para estar con su equipo en aquellos angustiosos partidos en los que se jugaba permanecer en la Primera División. Los que desde niños sentimos los colores rojiblancos, los “leones” o la “Catedral”, ahora ya mayores y camino de la cicuentena, sabemos que ser del Athletic es escribir poesia con algo más que palabras.

Sufrimos cuando en las ultimas temporadas estuvo a punto de descender. Pero el Athletic no estaba solo. La “Catedral” estaba llena de “fieles”. Y por el resto del mundo “rezabamos” para no caer en el pozo de la segunda división.

Ahora que estan encendidas todas las alarmas económicas y sociales en esta sociedad en la que solo valía y tiene cabida el éxito rápido y efimero que, nos han llevado a esta crisis no solo economica sino humana, el modelo del Athletic se eleva y distingue, hace más de cien años, en el sentido y sentimiento de lo local y de lo nuestro como lo verdaderamente auténtico.

Añadía Zubizarreta, mejor que yo por supuesto, pero que esta en la mente de todos que: “Si en 2009 nos planteásemos crear un club que jugase con jugadores de un ámbito local para competir con otros llenos de excelentes profesionales venidos de todo el mundo, hablaríamos de un proyecto imposible. Es, sin embargo, la respuesta del Athletic, una forma diferente de ver la realidad y de encontrar soluciones donde otros no ven sino problemas (¿les suena eso de los problemas y las oportunidades?)”.

Si pretendiésemos que ese proyecto estuviera ligado al éxito continuo, al ganar siempre y como sea, el Athletic nos propondría que el camino es importante; que el cómo es lo que ha creado esas raíces, esos vínculos, esas emociones latentes que permiten al Club mantenerse cuando los vientos arrecian duro o la calma chicha no nos deja mover y cuando el arsenal de soluciones propias es más bien limitado, tan limitado que a veces, sin ese plus que ofrece un público, una afición identificada con unos colores y una forma de hacer, y su comunión con los que visten esa camiseta que todos han soñado con ponerse algún día, se ha liberado de conocer otras competiciones, de conocer otras categorías dentro de la Liga. Seguía Zubizarreta.
Terminaba Zubizarreta con estas palabras que vuelvo a copiar del diario El Pais: “Quienes gritaban "beti zurekin!" ("¡siempre contigo!") eran gentes de diferentes ideologías y edades, de diversos estratos sociales, de ciudad y de caserío, de Vizcaya, pero también alaveses, guipuzcoanos, navarros, burgaleses, cántabros o jienenses; gentes rojiblancas que desde los puntos más lejanos a los que la globalización o sus actividades de apoyo a las más diversas ONG les han llevado, se reunían en torno a una televisión, a un ordenador o a otra sencilla radio para gritar juntos los goles de Javi Martínez, de Llorente y de Toquero”.
Entonces y ahora, con un mismo grito de aliento: "Athletic, beti zurekin!".

Yo solo tengo que añadir que “Beti zurekin, Zubi”. Aupa Ahtletic. Mil Gracias.