Jess Suarez Lourido

Editorial de la Edición  15

- Jesús Suarez Lourido / Licenciado en Periodismo y Ciencias de la Información. Máster en Comunicación Empresarial. Corresponsal en España de la Revista WORLD SOCCER DIGEST (Japón). Entrenador de Fútbol Nivel II (RFEF).

ESPAÑA ES EL PROBLEMA

Si lo es. Siempre lo ha sido y puede que, pese al éxito mayúsculo, lo siga siendo. Ahora ya se logró. España es campeona de Europa de selecciones.

Nunca sabíamos explicar lo que nos pasaba y eso, como diría Ortega y Gasset, “...es lo que nos pasa”.

Se construyeron muchas teorías de todos los tipos. Por ejemplo, en la procedencia de los jugadores. Tanto de los equipos: Madrid o Barça que eran los que mandaban e imponían sus jugadores. Así ocurrió en el mundial de Argentina, según confesó José Angel de la Casa en el diario El País como las presiones de los directivos de los dos equipos antes citados “cambiaron” la alineación.

O lo que se dice de los jugadores catalanes (entre ellos Xavi) –sospechosos siempre- como si uno pudiese escoger, primero, donde nace y segundo donde se cría y vive. Y tercero como se siente.

No hace mucho una selección tenía que tener jugadores vascos por que tenían un carácter especial para el fútbol. Pero ya nadie recuerda, sobre todos los más jóvenes, que Arconada fue criticado, una y mil veces, por llevar medias blancas en vez de las oficiales del uniforme que en la vuelta llevaba los colores de la bandera nacional. Sin embargo, nadie decía que llevaba el brazalete de capitán de la selección con la bandera española. Y mejor aún que Palop subiese a recoger, ante el mismo Platini, su medalla con la camiseta que llevo el gran Luis Arconada que en aquella final de París –en la que no jugaron ni Gordillo, ni Maceda, ni Goikoetxea- encajó un gol de falta por debajo de su cuerpo, precisamente a lanzamiento del propio Platini.

Ahora que somos campeones de Europa todo tipo de teorías más o menos “conspirativas”, como dicen los jueces en las películas americanas: “no ha lugar”. Es decir, no viene al caso.

No viene al caso descalificar a los jugadores y su persona por ser catalanes. En la selección hay seis. No viene al caso decir que si van solo los del Madrid y los del Barca por que del Valencia jugaron tres y el cuarto, Albiol, contra Grecia. Y por si fuera poco “aderezo” a este guiso, Senna es brasileño. ¿Quién lo discute?. ¿Quién se pregunta de donde es?.

Ya de nada sirve las alegaciones y proclamas del centralismo de la prensa de Madrid –léase Marca- a favor y por encima de todo de la inclusión de Raúl. Y hasta de Guti. Si de Guti, en un editorial. No en una opinión de un periodista, como por ejemplo Santiago Segurola. Ya no sirve ningún tipo de argumento de si fue tal o cual jugador.

Entre otras cosas por que los tres “británicos”: Xabi Alonso, Cesc y Torres, son indiscutibles.
Eso se acabo, o al menos es lo que pienso. Veremos.
Esta demostrado en la vida que la euforia altera la percepción de la realidad. Y más en fútbol en el que las victorias disculpan y justifican todo, sin paliativos.

Por eso vemos el entusiasmo que llega hasta el enamoramiento de un equipo, de la selección, que hace poco más de dos meses, no solo iba a caer en cuartos en el cruce de grupos ante Holanda, Italia o Francia sino que era un equipo de bajitos en el medio campo, sin fuerza ni potencia. Con una defensa que no estaba en forma, sobre todo Puyol y Marchena y sobre la que teníamos un millón de dudas. Vamos, para entendernos, que nos daba lo mismo. Eso si con crispación e indiferencia. Que es como nos gusta hacer y sentir las cosas en este país, España.

Pero somos campeones. Y por una vez a la victoria que tanta euforia levanta, como es lógico, hay que añadir según mi punto de vista, el “famoso” como ganamos. Es decir, como se jugó.

Creo que jamás ya nadie pondrá en duda que este juego, llamado, fútbol esta basado en la técnica.

Puede ocurrir que me equivoque, y que surjan las voces que se acuerden de: “a mi Sabino que los arrollo” y sobre todo de los que reclaman para este juego unos niveles de testosterona como los propios de un toro o un caballo semental. Para ellos vaya desde aquí mi mayor desprecio intelectual puesto que ni viéndolo, ni ganando, lo entienden. Lo comprenden.

Supongo que visto lo visto –que no solo ha sido Casills, Ramos, Puyol, Cpadevila, Xavi, Cesc, Iniesta, Silva, Cazorla, Senna o Alonso, de la Red junto con Villa y Torres, Guiza, sino que hay que añadir a Modric, Arshavin, Altintiop (turco del Bayern) o a Ribery por poner a ejemplos de jugadores de otros países que llevan el fútbol –si se me permite- impreso en su código genético.

Y lo hemos hecho tocando todos los “palos”. Teniendo el balón, tocando para defenderse mejor, y llegando con más efectividad al contragolpe que en las largas posesiones. Todo esto visto desde fuera del campo, por que no lo olviden, dentro del campo los jugadores no tienen las mismas percepciones ni sensaciones que los espectadores. Y en ocasiones los que ellos ven A desde fuera es B y viceversa.

Hemos ganado por constancia, estabilidad y equilibrio en todas las líneas, por organización, por atrevimiento y sobre todo, desde mi punto de vista, porque no jugamos en el centro del campo como el resto de los equipos. Cocinamos el fútbol con los mismos ingredientes que todo el mundo –once contra once- pero de otra manera.

Y no tiene más secreto que jugadores que son capaces de manejar el balón como si fuese un juguete y el mismo juego igual que una travesura.

Es otra idea, es otra sensibilidad. Siempre la tuvo este juego –no me cansaré de repetir la palabra juego- y quienes hayamos visto jugar al Brasil del 70 sabemos de lo que estamos hablando.

El fútbol consiste, básicamente, en dos cosas: la primera, cuando tienes la pelota tienes que saber pasarla correctamente. La segunda: que cuando recibes el balón tienes que ser capaz de controlarla. Si no la controlas, tampoco la puedes pasar.

Y estas sencillas que no simples palabras no son, exactamente, mías sino de Johan Cruyff. Al que los nombres de Xavi, Iniesta, Cesc le deben algo, sin duda. Y el Barça. Lo mismo que el fútbol español en esa copa de Europa. Queda dicho.

El tercer gol de España ante Rusia, marcado por Silva, es una obra de arte que parte de un breve rondo entre Alonso, Senna e Iniesta que pasa de rosca de dentro a afuera a Cesc que, tras un solo control, centra de izquierda para que reciba Silva con su derecha para el control y rematar con la zurda en “un pase a la red” como diría Menotti.

Todo es tan sencillo, que no simple, por que la técnica es lo que vence a la táctica.


No sé si el “como jugamos” traerá un cambio de tendencia que sea definitivo, pero esta victoria desactiva, al menos provisionalmente o hasta la siguiente derrota, la retórica chusquera del ganar "por cojones" y "por lo civil o por lo criminal".

Ahora los, a todas luces, teóricos detestables intelectualmente –sobre todo si son las luces de la Ilustración- permanecerán callados y escondidos, no lo duden. Porque solo la victoria, el triunfo los ha desarmado de argumentos.

Pero así que cuando Francia ganó su Mundial, se teorizó mucho sobre la nueva sociedad pluricultural y multiétnica y los valores de una nueva República, más espontánea, justa y libre. Meses más tarde, se vio que todo respondía a una interpretación monstruosamente deformada, que los problemas seguían siendo los mismos y las injusticias permanecían pese a los esfuerzos de los medios de comunicación por convertir el fútbol en inspiración de la política.

Así nos puede suceder en España legítimamente eufórica por la victoria y el buen juego y por la simpatía a los jugadores, se corre el riesgo de olvidar, a base de teorías neopatrioteras, la única evidencia: la Eurocopa la ha ganado la selección española porque ha jugado mejor. Poniendo Fútbol con mayúsculas en el campo.

Y como bien dijo Xavi: “le hemos hecho un favor al fútbol”. Y Xavi, catalán de Terrasa y del Barça desde niño, este, este si que sabe. ¿O no?.

Ahora España es un “problema” para el fútbol. Disfrutemos de la alegría junto a los políticos: reyes, príncipes, primeros ministros, que ellos también son de dios.