Jess Surez Lourido

Editorial de la Edición  12

- Jesús Suárez Lourido / Licenciado en Periodismo y Ciencias de la Información. Máster en Comunicación Empresarial. Corresponsal en España de la Revista WORLD SOCCER DIGEST (Japón). Entrenador de Fútbol Nivel II (RFEF).

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

De qué les hablo. Hablo (aparte del título de una bella canción de Joan Manuel Serrat culé desde niño y amigo personal de Pep Guardiola) de que los ocho mejores equipos de Europa, clasificados para los cuartos de champions, cuatro, la mitad son británicos: Arsenal, Chelsea, Liverpool y Manchester United.
Es la competición europea, la champions, la que no miente. La que dice la verdad: el gran fútbol se juega en Inglaterra. No es producto de la casualidad lo que les cuento. No.
Seamos sinceros al menos con nosotros mismos. No nos engañemos. Todos los datos nos lo confirman.
El primero es incuestionable: cuatro de ocho clasificados en champions son británicos. (Que lejos queda la final de Paris entre R. Madrid y Valencia), pero si esto no es suficiente hay que añadir contra qué equipos ganaron las eliminatorias el Liverpool y el Arsenal. Contra el Inter y Milán. El Liverpool se deshizo, y lo digo con toda intención, de un Inter tantas veces invicto que parecía invencible. El Arsenal, desde las botas de Fábregas and company, remataron a un histórico Milán que, sin duda, cerró la ultima página de una historia brillante.
La Premier, desde mi punto de vista y desde Televisión Española también, es el mejor espectáculo futbolístico que se puede ver en el mundo, y se erige como la gran amenaza para nuestro fútbol.
Desde hace años se vienen haciendo las cosas bien en Inglaterra. Y esa “pelea” que, siempre existirá, entre tradición y modernidad la saben resolver siempre beneficiosamente para la competición, negocio y espectáculo. A pesar de ser los inventores, y del aire clásico que destila su fútbol y muchas de sus cosas, no les importa tomar iniciativas revolucionarias. Allí se atrevieron, por ejemplo, antes que nadie, a dar número fijo con nombre en la espalda a cada jugador, estilo NBA, en detrimento de la clásica e intocable numeración del uno al once. Han sabido como nadie ampliar el mercado. Ahí juegan con cierta ventaja, es cierto, puesto que Inglaterra es la cabeza de la Commonwealth y el inglés es el idioma génerico del planeta. Y así se guían para vender el fútbol. Asia, Sudáfrica y Estados Unidos son sus multimillonarias audiencias de espectadores, una jornada sí y otra también. El pasado 18 de enero el canal – muy recomendable- de la BBC Mundo, publicó que la Premier firmó un acuerdo multimillonario de 1.100 millones de dolares USA. Casi 700 millones de euros. La negociación abarca las transmisiones internacionales –no las nacionales- de la primera categoría del fútbol inglés en 208 países, por las temporadas 2007-2008, 2008-2009 y 2009-2010. En total los ingresos de los equipos de esta liga recibirán más de US$4.000 millones en tres años. 2.500 millones de euros.
Los países que más ofrecieron por estos derechos televisivos se encuentran en el Medio Oriente y en Asia, especialmente Hong Kong. El ganador de la liga se llevara 100 y un equipo que descienda 60 millones de dólares. 38 millones de euros.
Sumen a estos ingresos lo que recaudan por “bautizar” los estadios, vease el ejemplo del campo Arsenal bautizado como “Emirates Stadium”: 150 millones de euros. Este no es el único, solo el más famoso.
Todo esto es lo más aparente. Lo que más salta a la vista. En el fondo el fútbol británico en general y la Premier en particular, estan manejadas, es decir bien conducidas desde su consejero delegado, Richard Scudamore, que incluso ha desafiado a la misma FIFA, planteando la posibilidad de jugar una jornada de la Premier fuera de Inglaterra. En Estados Unidos o Asia como los lugares más apropiados. Menos mal que Cruyff salió diciendo que era “una idea absurda” por qué a Blatter, llegado el momento no le hará caso nadie y sino al tiempo.
Pero aún hay más y es lo más importante: los partidos de la liga Premier y de la Copa tienen una mística que parte de sus aficiones. O nos hemos olvidado que Chelsea y Liverpool cayeron, a partido único, ante el Barnsley un equipo de segunda división. Y que los emparejamientos de semifinales de Copa son Barnsley-Cardiff y West Bromwich Albion-Portsmouth.
Aficiones en las que se piensa que pueden asistir gratuitamente al fútbol y no son palabras mías. Esa es la predicción de Simon Chadwick, director del Birkbeck Sports Business Centre de la Universidad de Londres. Chadwick, sufrido hincha del Middlesbrough, es un experto en la historia del fútbol británico y en sus implicaciones sociológicas. Y que hace buena la frase de Jack Stein: “el fútbol sin público, no es fútbol” Aficiones que suelen viajar a los campos rivales y -aprovecho para decirlo- de los graves problemas que tuvieron con los hooligans, ya no se habla. En nuestra liga estamos hoy mismo sancionando al Betis, por ser reincidente, y pensando en lo que sucedió en el Camp Nou y no se cumplió.
Aficiones que despiden a su equipo y al rival con aplausos. La expresión fair-play se puede traducir pero tiene que ver con la elegancia de espiritu. Y aunque no le podamos acachar, por ejemplo, al Bolton o al Fulham (a los que he visto jugar esta temporada) un gran nivel técnico de sus jugadores, ni tampoco una capacidad táctica –sobre todo defensiva- de matricula de honor, alguién, pregunto alguién, se habrá parado a pensar que tal vez, lo que les apasiona a mucha gente seguidora del fútbol inglés no es, precisamente, el nivel técnico y la calidad de los jugadores, sino precisamente su esencia primitiva, y la intensidad de cada partido. ¿Qué es lo que hace que cualquier partido de la liga inglesa sea digno de ver, de disfrutar ya sea viendo las galopadas y goles de falta de Cristiano Ronaldo o el fútbol más rudo pero auténtico del Bolton o del Fulham?.
Sumen a estos detalles, los árbitros. Es otro estilo, verdad. Otra manera de comportarse y de dialogar en el campo. Otra cultura, otra educación. Mourinho lo explicó perfectamente para que lo entendamos un español o un portugués, “los árbitros-dijo-, se equivocan en la Premier como en todos los países, lo que pasa es que aquí es impensable que favorezcan a un equipo”. Impensable.
En el campo de fútbol, el terreno de juego es una especie de tierra sagrada, en la que solo se juega. No se permite a ningún jugador mancillarla. A veces ocurre, por que no deja ser inevitable, que algún jugador “hace teatro” pero en esos casos hasta los compañeros y la propia afición se lo recriminan al jugador local.
Ahora que los “nuestros” juegan en la Premier a ninguno se le ha oído quejarse del fútbol británico o de cómo se juega. Pese a que, por ejemplo, Alonso lo lesionó de gravedad Lampard. Todos se han adaptado –salvo Reyes-. Y cuando marca tres goles el mismo jugador –Torres- se lleva el balón a casa firmado por todo sus compañeros. Nosotros hemos copiado el hat-trick. De lo único que se quejan, los españoles, es de la comida, eso si. Y la falta de sol.
Desde el punto de vista de los entrenadores, la Premier es un ejemplo. Todos soñaríamos con poder manejar un club como manager general. Curiosamente, las dos palabras son de la misma raiz latina. Quien no quiere ser Wenger o sir Fergusson. Y no les duelen prendas para fichar a Benitez o Juande Ramos. Aunque esta temporada llevan tantos despidos de entrenadores como en nuestra liga. Hasta Mourinho cayó.
La Premier, digamoslo ya, es una liga imperialista que con el apoyo hasta de los políticos –la Reina de Inglaterra agradeció personalmente a Wenger su contribución al fútbol inglés- y Sarkozy acompañado de Gordon Brown acudió al entrenamiento del Arsenal, con el dinero de los multimillonarios de todos los paises: rusos, americanos, islandeses, sí sí islandeses e indios y de hasta Briatore y el yerno de Aznar en el Queens Park Rangers; se ha convertido en el espectáculo futbolístico global.
Cuanto más dinero acumula la Premier y más grande es la distancia económica que le separa de las otras Ligas europeas, más jugadores y entrenadores de primer nivel (de España, por ejemplo, como ya hemos visto) irán allá. En unos pocos años, el monopolio de talento futbolístico en Inglaterra, el impacto del espectáculo televisivo global que ofrece, podría llegar a ser aplastante. Y tan aplastante que no sólo las Ligas de España e Italia dejarían de cobrar fuerza, sino que el propio Mundial ya no provocaría tanto interés. Lo veremos.