Oscar Cano

Editorial de la Edición  105

- Oscar Cano / Entrenador Nacional Nivel III R.F.E.F

El efecto del cambio

Los entrenadores somos las víctimas favoritas del negocio que tienen montado los medios de comunicación.

A las distintas empresas dedicadas a tal fin les interesa el cambalache, el ruido, la entrada y salida, en definitiva las alteraciones persistentes que necesitan para generar corrientes de opinión en pos de ganar adeptos, mayorías en las cuotas de audiencia.

En el Real Madrid eligieron a Benítez como diana constante de críticas, se erigieron desde su poltrona como evaluadores de procesos de entrenamiento que desde luego no comprenden porque nunca se acercaron a querer comprenderlo.

Yo no voy a ser defensor de nadie en concreto, porque posiblemente hasta esté alejado en sensibilidad al entrenador madrileño, pero sin duda debemos entre todos hacernos respetar en nuestra profesión.

El objetivo de estas líneas no es el de enfrentarme a nadie, si no el de aprovechar para transmitirles lo que suelen ser los efectos de los cambios.

En todo cambio, los mecanismos de seducción del jugador se aceleran ante el nuevo jefe. Los que están gozando de la titularidad quieren mantenerla, mientras que aquellos que no contaban para el anterior encuentran un espacio nuevo para reivindicarse. Estos procesos son inevitables y hasta cierto punto saludables.

No debemos olvidar que el que más provecho saca de este efecto es el presidente de turno al ver como la afición se acaba de creer aquello de que “os he puesto lo que queríais”.

Sin embargo, los efectos duraderos, las verdaderas transformaciones están en las capacidades de quienes las dirigen.

Estimular durante un breve periodo de tiempo está al alcance de casi cualquiera de nosotros, pero dotar a la organización de un modelo consistente, que evolucione en el tiempo y que capte la admiración del aficionado hasta convertirse en cultura es harina de otro costal.

Veremos a ver si eso sucede con el nuevo Real Madrid, tan acostumbrados a los defectos del cambio, a los titubeos perennes, a los cambios que no consiguen cambiar nada.